Silvio Zepeda Ruiz*
El alto nivel de abstención se ha interpretado de diversas maneras por los dirigentes del partido sandinista, pero nunca como una mala señal de los electores para ellos y el resto de la clase política. Probablemente la euforia no les permite mirar más allá de lo que este resultado electoral significa.
El hecho de ganar unas elecciones municipales con menos del 40 por ciento no le resta méritos al sandinismo como partido altamente disciplinado, pero envía dos claros mensajes a su líder máximo Daniel Ortega: no han sumado votos, por el contrario, han perdido muchos y el frente con candidatos como Orlando Noguera, en Masaya, es una fuerza victoriosa. Este triunfo electoral coloca a Ortega en una encrucijada, pues el partido sandinista para ratificar el “apoyo” del pueblo de Nicaragua está obligado a lanzar un candidato ganador para el 2006 y Ortega no parece ser la mejor opción.
En los últimos días hemos visto a un Ortega “ochentero” molesto por la crítica de los medios y lanzando amenazas hacia todas partes, incluso dejó su imagen de “Danny Light” para anunciar que controla los principales poderes del Estado y habrá reformas a la Constitución.
No cabe duda que puede hacerlo, al igual que el sandinismo logró adjudicarse gracias a su influencia en el CSE algunas alcaldías ganadas claramente por los demás partidos en contienda; en el fondo Ortega sabe que si no demuestra su autoritarismo hoy, mañana le será difícil ganar la candidatura presidencial frente a un Herty Lewites que viene sonando fuerte y ha demostrado que está bien parado en las encuestas.
Éste ha sido un gran triunfo para el sandinismo no así para Ortega. Ante el gran reto que enfrenta el sandinismo en el 2006, para legitimar su triunfo en las municipales debe ganar la Presidencia con un candidato de lujo, la pregunta es: ¿cumple Ortega con este perfil?
* Economista