José Antonio Alvarado C.*
Leí con mucho interés el artículo de Ernesto González: “¿Se puede sustituir a la madre?” publicado en LA PRENSA del 1 de noviembre. Desafortunadamente en los tiempos actuales vemos la fragilidad que hay en los sentimientos maternos y prueba de ello son los niños desamparados, maltratados, abortados; niños de la calle; personas ajenas al núcleo familiar que asumen el rol materno, o instituciones como El Pajarito Azul que cuida niños con discapacidad abandonados. Pero muchos padres que se han separado de sus compañeras de vida, o han quedado viudos, asumen la responsabilidad de criar, educar y mantener a los hijos. Nuestra sociedad responde a patrones heredados por generaciones, legándole al padre la responsabilidad de proveedor, aunque en los actuales tiempos observamos una sociedad en la que se revierten los valores y principios del hogar, de que el hombre siga siendo cabeza de familia.
La reflexión sobre el tema es muy importante, ya que permite hacer un análisis de las costumbres y tradiciones que se han deteriorado por la influencia de otros países, donde la relación familiar se ha debilitado por los intereses de los padres y por las leyes que marcan un hito en este contexto. No dudo que hay padres con gran capacidad de dar amor a sus hijos que velan de cerca por sus necesidades.
* Ministro de Salud