Si nota una reacción desagradable después de comer, puede que tenga una alergia alimentaria
Muchas personas están convencidas de que son alérgicas a determinados alimentos sin serlo. Los expertos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) calculan que menos del dos por ciento de los adultos y del ocho por ciento de los niños tienen auténticas alergias alimentarias. Y es que, para que se trate de una de ellas, ya sea a un alimento o bien al polen o a los ácaros, la reacción tiene que estar desencadenada por el sistema inmunológico (las defensas), con la consabida producción de anticuerpos y la liberación de histamina (responsable de los síntomas).
Pero no es ése el caso de la mayoría de las reacciones adversas a los alimentos. Lo que muchas personas califican como alergia alimentaria se trata, en realidad, de intolerancia. A estas alturas se preguntará: ¿Y qué más da que se llame de una forma o de otra si yo lo paso mal? La razón por la que es importante distinguirlas es porque, si los síntomas que ya ha notado al tomar un alimento (labios hinchados, picor de garganta, urticaria) son de tipo alérgico, la siguiente exposición a ese alimento puede dar lugar a una reacción más grave, incluso a un shock anafiláctico capaz de poner en peligro su vida. En cambio, si se trata de una intolerancia, no hay problema de que esto ocurra.
Por eso, si experimenta reacciones adversas al tomar una comida, hable con su médico. Identificar el alérgeno (elemento que provoca la alergia) mediante una prueba, puede ayudarle a tomar precauciones y prevenir consecuencias graves. Y es que no hace falta tomar mucha cantidad para desencadenar esa reacción; apenas una pizca puede producir síntomas en un breve espacio de tiempo (generalmente en tan sólo una o dos horas).
Los signos más comunes de una alergia alimentaria son urticaria, picores y eccema; labios, lengua, cara y garganta hinchados; respiración dificultosa, congestión nasal, disnea; dolor abdominal, diarrea, náuseas y/o vómitos, y confusión o mareo. Cuando hay un shock anafiláctico, la reacción es más severa: se produce una constricción de las vías aéreas que causa dificultad para respirar, estado de shock con caída de la tensión arterial, pulso rápido, mareo, confusión e incluso pérdida de conciencia.
Si, por el contrario, la reacción adversa a un alimento no implica al sistema inmunitario (es decir, no conlleva liberación de histamina), se trata de una intolerancia alimentaria. Dado que esta última puede provocar síntomas similares a los de las alergias, por ejemplo, náuseas, vómitos, dolores abdominales y diarrea, mucha gente las confunde. Una diferencia que ayuda a distinguirlas es que, si se trata de una intolerancia, se pueden tomar pequeñas cantidades sin experimentar ningún síntoma. En cambio, si se trata de una auténtica alergia, incluso una pequeñísima cantidad del alérgeno puede desencadenar la reacción.
Fuente: Mujer Hoy