Un 60 por ciento de las mujeres con migraña reportan las crisis durante el período perimenstrual
La palabra migraña (jaqueca) proviene del término griego hemicránea que significa media cabeza, lo que describe parte de los síntomas. Es una enfermedad crónica caracterizada por episodios recurrentes de dolor de cabeza de intensidad moderada a severa.
La migraña es más frecuente entre las edades de 25 y 55 años, que son los más productivos de la vida. Un 17 por ciento de las mujeres y un seis por ciento de los hombres sufren de migraña. Un 85 por ciento reportan que ésta les afecta significativamente en las actividades de la vida diaria, por ejemplo, el paciente con migraña va a trabajar pero su productividad es considerablemente menor.
La edad de inicio reportada más frecuente es la segunda y la tercera década de la vida, pero puede iniciarse desde la infancia o en períodos más tardíos aunque antes de hacer el diagnóstico definitivo hay que descartar primero otras enfermedades intracraneales.
La migraña es más común en las mujeres, pero antes de los 12 años de edad es más frecuente en los hombres. Después de la pubertad prevalece en la mujeres en proporción de dos a tres por un hombre.
En las mujeres embarazadas suele disminuir la frecuencia e intensidad de las migrañas después del tercer mes de embarazo, aunque a otras se les incrementa la frecuencia. Esto claramente indica que las hormonas tienen un papel primordial en la fisiopatología de la migraña.
Cuando la paciente sufre un 90 por ciento de sus crisis de migraña en el período que comprende desde dos días antes de la menstruación hasta finalizar la misma, se llama migraña menstrual.
La migraña puede presentarse de varias maneras y en una misma paciente pueden presentarse varios tipos de migraña. Un 60 por ciento tiene fenómenos premonitorios horas o días antes de la crisis de dolor (depresión, euforia, irritabilidad, hipoactividad, hiperactividad, fatiga, somnolencia, disminución de apetito o la búsqueda de ciertos alimentos).
El dolor es la molestia más importante en el 90 por ciento de los casos. Puede ser localizado o difuso, leve que gradualmente aumenta en intensidad hasta hacerse severo. Es pulsátil o constante y se agrava por las actividades como caminar, subir escaleras o actividades comunes. En los casos severos, suele presentarse la imposibilidad para realizar las actividades de la vida diaria por el dolor, náusea (90 por ciento de las pacientes) o vómito (20 por ciento).
La migraña con aura es una forma menos frecuente de presentación y tiene dos fases claramente definidas. La fase inicial o aura y la crisis de dolor. El aura son los eventos que ocurren con o sin dolor de cabeza y las molestias más frecuentes son visuales. Aparecen luces brillantes de diversos colores y formas (barras, estrellas, puntos, gotas o ángulos) que dejan, al desaparecer, manchas oscuras. A veces, el aura consiste en hormigueo en una mano que avanza gradualmente al antebrazo, brazo y cara. Posterior al aura ocurre la fase dolorosa como se ha descrito.
El manejo de la migraña requiere de una evaluación médica y el desarrollo de un plan de manejo individualizado. Hay que evitar los factores desencadenantes de las crisis migrañosas, como son el stress, ciertos alimentos, exposición al sol, ayuno y otros. Hay que hacer énfasis en el ejercicio regular, dieta balanceada y un ciclo de sueño adecuado.
Los medicamentos van dirigidos a abolir el dolor y son más útiles cuando empiezan los primeros síntomas. Un 95 por ciento de adultos toma medicamentos para migraña y frecuentemente son autorecetados. Por esto hay que concienzar a la población de los peligros de los medicamentos y evitar que caigan en una cefalea por analgésicos. Además, existe la terapia preventiva que va dirigida a aquellas pacientes con dolores migrañosos muy frecuentes, de fuerte intensidad e incapacitantes. La terapia preventiva requiere de varios meses de toma de un medicamento a diario y tiene que ser indicada por su médico.
* El autor es miembro del equipo de especialistas del Hospital Metropolitano Vivian Pellas.