El pequeño Néstor José, “El gordo” como le decía su madre, la periodista María José Bravo, se consuela en brazos de su tía Esperanza Sánchez.

Hijo aún espera por María José

El pequeño Néstor José Velásquez Bravo es otra víctima del crimen de su madre, María José Bravo “A diario pregunta si su mamá regresará de la calle, donde ella trabajaba reporteando”, afirma abuela del menor Elízabeth Romero Santo Tomás, Chontales-. “Tita, ¿mi mamá?”, repite de forma reiterada el pequeño Néstor José Velásquez Bravo, de tres […]

  • El pequeño Néstor José Velásquez Bravo es otra víctima del crimen de su madre, María José Bravo
  • “A diario pregunta si su mamá regresará de la calle, donde ella trabajaba reporteando”, afirma abuela del menor

Elízabeth Romero

Santo Tomás, Chontales-. “Tita, ¿mi mamá?”, repite de forma reiterada el pequeño Néstor José Velásquez Bravo, de tres años, en tono más de súplica que de interrogación, a su tía materna Esperanza Sánchez Sevilla. Su pregunta a veces queda sin respuesta, en otras se contenta con un simple “está en el cielo”.

Néstor José, “El gordo”, como lo llamaba su madre, quedó en la orfandad el martes 9 de noviembre, cuando una bala disparada por el ex alcalde de El Ayote por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Eugenio Hernández González, le segó la vida a la corresponsal de LA PRENSA, María José Bravo, cuando esta se encontraba cerca del portón principal del Instituto Josefa Toledo de Aguerri, de Juigalpa, Chontales, donde funciona el centro de cómputos departamental por los pasados comicios municipales.

A sus tres años, todavía el pequeño no logra discernir el por qué la inusitada desaparición de su madre María José Bravo de la casa de su abuela materna, Elda Antonia Sánchez Vásquez, ubicada en Santo Tomás, Chontales. “Apenas suena el teléfono, corre y dice: mamá”, refiere la abuela.

Esa trágica tarde, Claudia Rosario Miranda de Martínez, sólo escuchó un ligero “¡hay!” que salió de los labios de la joven periodista “y luego se desvaneció”, lo que la llevó a retenerla entre sus brazos y empezar a gritar: “¡La mataron, la mataron, ayúdenme!”.

La testigo es del criterio que el deceso “fue instantáneo”, en el mismo sitio donde Hernández la acechó con su revólver, calibre 38, el cual andaba sin portación. “No se vio luz, no se vio humo, fue a quemarropa”, señaló Miranda.

NO HUBO RESPUESTA

Al momento que la periodista salía del centro de cómputos, Miranda recuerda que le dijo: “María José ¿qué hubo?”, refiriéndose al conteo de los votos. La periodista daba cobertura a las protestas que hacían simpatizantes de la Alianza para la República (Apre) de Santo Tomás y del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Cuapa, enfrentados por los resultados electorales en esos municipios.

Pero no hubo respuesta, la bala disparada por Hernández desde una distancia de metro y medio se lo impidió. La médico forense Blanca Azucena Moreno Castillo, aseguró en su informe que encontró un orificio de entrada de bala de un centímetro de ancho por dos de largo con dirección hacia arriba.

LLORA EN TODO MOMENTO

Los familiares de la periodista asesinada comentan que en su inocencia, el pequeño Néstor está descontento con todo, llora constantemente, no quiere permanecer en la casa, no acepta observar tantos adornos florales en la misma.

Al dormir “está intranquilo, tiembla y repite, mi mamá, mi mamá”, comentó doña Antonia Sánchez Vásquez, madre de la periodista asesinada.

EL DOLOR DE LA ORFANDAD

Para Antonia Sánchez Vásquez, abuela materna del pequeño Néstor José Velásquez Bravo, al sufrimiento de haber perdido a su hija, María José Bravo, se le agrega el sufrimiento de la orfandad de su nietecito. Entre sollozos Sánchez relata que su nieto aún espera que su madre regrese a su casa como ocurría de forma rutinaria, cuando ésta con su cámara y grabadora en mano, retornaba de su trabajo diario como periodista.

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