El presidente George W. bush y su esposa Lara, en los jardines de la casa Blanca. Adelante, Barney, su mascota.

Bush: menos bravata, el mismo empeño

Richard W. StevensonThe New York Times George W. Bush, de 58 años, entra a su segundo mandato tras haber armado un historial de peso, aunque polarizante, en política exterior y doméstica que no deja duda de su postura respecto a las grandes problemáticas. Después de los ataques terroristas del 9/11, llevó a cabo una estrategia […]

Richard W. StevensonThe New York Times

George W. Bush, de 58 años, entra a su segundo mandato tras haber armado un historial de peso, aunque polarizante, en política exterior y doméstica que no deja duda de su postura respecto a las grandes problemáticas.

Después de los ataques terroristas del 9/11, llevó a cabo una estrategia de seguridad nacional edificada sobre la convicción de que nada se interpondría en el camino de tratar de proteger al pueblo estadounidense del extremismo islámico o de la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas.

Logró que el Congreso aprobara cuatro importantes recortes fiscales para individuos, aclamándolos como esenciales para la economía en recuperación, y acaba de firmar otro proyecto legislativo fiscal que beneficia a muchas corporaciones. Trabajó para reducir las regulaciones laborales y ambientales, al asegurar que podía hacerlo sin sacrificar la seguridad del trabajador y el aire y el agua limpios. Apoyó una propuesta de enmienda constitucional para prohibir el matrimonio gay, argumentó en favor de limitar la acción afirmativa y nominó conservadores a los tribunales federales.

No obstante, Bush no siempre es ideológicamente inflexible, con un historial también marcado por lo que podría considerarse como pragmatismo, oportunismo o fracaso. Habla de limitar el gasto gubernamental, pero ha presidido sobre la mayor expansión del gobierno federal desde los programas de la Gran Sociedad del presidente Lyndon Johnson durante los sesenta.

Ha abogado por el comercio expandido, pero impuso aranceles temporales sobre el acero importado para ayudar a los fabricantes de acero en los estados de voto indeciso de Pennsylvania, Virginia Occidental y Ohio. Ha buscado poner en operación las fuerzas del mercado en los programas de asistencia social para limitar el crecimiento en sus costos, pero entusiastamente convirtió en ley el establecimiento de un beneficio de medicamentos con receta para el Medicare, la mayor expansión de un programa de asistencia en décadas.

Puede ser impaciente, irascible cuando es desafiado y, como se enteró un público televisivo nacional durante su primer debate con el senador John Kerry, a veces deja que la furia se manifieste en un gesto adusto. Pero tiende al optimismo, a la acción sobre la contemplación y al instinto sobre el análisis detallado.

Si hubo un tema dominante en su exitosa campaña de reelección fue su fe en lo que llama “el poder transformacional de la libertad”. Con eso, se refiere a su creencia de que la tarea a largo plazo de Estados Unidos es al menos sembrar las semillas de la democracia en el Medio Oriente y en todas esas regiones del mundo que de otra manera podrían continuar engendrando pobreza, ira y grupos de terroristas.

Cuando preste juramento al asumir el cargo nuevamente el 20 de enero, es la búsqueda de ese objetivo y su principal requisito —llevar estabilidad a Irak— lo que sin duda dominará su segundo mandato.

“Si uno cuenta el número de veces que dijo ‘libre’ o ‘libertad’ en relación a Irak y al Medio Oriente durante los debates, uno tendría que asumir que su visión de liberar y transformar el Medio Oriente estaría en el primer lugar de cualquier agenda para el segundo período”, expresó James P. Pinkerton, asistente de políticas en las Administraciones de Ronald Reagan y el primer presidente Bush. Sin embargo, Bush tendrá que tratar con una nación imprevisible y hostil que ya tiene armas nucleares, Corea del Norte. Tendrá que tratar con otro país que parece estar resuelto a adquirirlas, Irán, y la posibilidad de que aún más países así como grupos de terroristas tratarán de unirse al club nuclear.

El esfuerzo de la Administración de encontrar un arreglo entre Israel y los palestinos se ha estancado. Las relaciones con Francia y Alemania siguen profundamente tensas y el Primer Ministro Tony Blair, de Gran Bretaña, ha pagado un gran precio en casa por apoyar a Bush respecto a Irak.

En la acción de Bush, especialmente respecto a Irak, sus críticos ven un historial de unilateralismo temerario que ha erosionado cualquier autoridad moral que tenía Estados Unidos con el resto del mundo.

Bush y sus asistentes dicen que los críticos han caricaturizado su política exterior. Sin embargo, el estilo de internacionalismo de Bush, según su propia descripción, es limitado. “Trabajaré con nuestros aliados, construiré coaliciones, pero nunca entregaré nuestras decisiones de seguridad nacional a líderes de otros países”, dijo habitualmente durante la campaña.

El derramamiento de sangre en Irak, la incapacidad de la economía para generar empleos en grandes números, la cerrada contienda presidencial, todo le ha quitado algo de bravata a Bush, pero no su confianza básica en sí mismo y optimismo. O, como dijo hace dos meses durante la convención republicana: “Soy una persona muy resuelta”.

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