Alberto L. Alemán y AFP
Es inevitable. Cuando se habla del pueblo palestino y de su lucha por su Estado, por su libertad y sus derechos, millones de personas en el mundo piensan en Yaser Arafat, el líder histórico que consagró su vida entera a esa causa y que la encarna.
Para su pueblo y para muchos en el mundo, Arafat es un héroe y un ejemplo. Para Israel y Estados Unidos es un terrorista cruel y brutal. Se le ama o se le odia.
Héroe o villano, o ambas cosas a la vez, el Presidente de la Autoridad Palestina es una figura que ya no podrá ser borrada de la historia y cuando un día exista un Estado palestino verdadero, que coexista pacíficamente con Israel —la única solución civilizada aceptable— será la historia misma quien se encargará de juzgarlo.
Desde joven y por décadas, combatió por las armas la ocupación israelí de los territorios palestinos. En 1993 firmó la paz con el Estado judío y por ello recibió un Nobel de la Paz. En 1994 surgió la Autonomía Palestina y él se convirtió en su jefe indiscutido.
Israel le acusa de no querer detener a los extremistas islámicos y de, más bien, alentarlos y usarlos.
Sus críticos afirman que es autoritario y corrupto, y se asegura que ha acumulado una inmensa fortuna, una de las más grandes para un Jefe de Estado.
Su muerte abrirá las puertas para una renovación, lo que alimenta esperanzas de que nuevos dirigentes, más pragmáticos, puedan firmar la paz con Israel, o bien, su deceso precederá un lucha por el poder que podría devenir en un caos en una región inestable por tradición.
LISTOS FUNERALES
Los dirigentes palestinos ultimaron el miércoles los detalles del entierro de Yaser Arafat, que tendrá lugar en la Mukata, su cuartel general en Ramala (Cisjordania), y fijaron los pilares políticos de la sucesión, mientras el dirigente palestino agoniza en París.
Un acuerdo entre palestinos e israelíes confirmó que el ‘rais’ será enterrado en el que fue su cuartel general en los últimos tres años: la Mukata, un complejo semidestruido por los ataques israelíes, donde el miércoles varias excavadoras retiraban los escombros y preparaban el terreno para colocar una sepultura.
Yaser Arafat no podrá ser enterrado en la mezquita Al Aqsa de Jerusalén, como era su deseo, pero los responsables palestinos insistieron en que un día, el dirigente reposará para siempre en ese lugar sagrado para el Islam.
El líder palestino se encuentra internado desde finales de octubre en el hospital militar de Percy, en Clamart, en las afueras de París, en un estado de coma profundo.
Antes de que Arafat sea enterrado en Ramala, serán organizados funerales oficiales en Egipto, en los que participarán personalidades y jefes de gobierno, según se confirmó en El Cairo.
“Arafat nos enseñó cómo luchar por Palestina desde la escuela, la prisión o el campo de refugiados. Lo llevaré siempre en mi corazón”, afirmó Sabreen Hourane, estudiante de Periodismo en la universidad de Bir Zeit en Ramala (Cisjordania), ante las puertas de la Mukata, silenciosa y vacía.