Rigoberto Martínez
La sustitución parcial del diesel por un combustible producto de la transformación de semillas oleaginosas es una alternativa que analizan e implementan varios países. En Nicaragua existen condiciones favorables para seguir esa corriente. Si bien será necesario analizar más detalladamente el tema en todos sus aspectos, es el impacto ambiental el que puede resultar decisivo a la hora de definir su viabilidad.
Desde hace más de una década se habla del biodiesel en Nicaragua, las oportunidades y los desafíos que este combustible alternativo al petróleo puede ofrecer. Este potencial no se relaciona solamente con la mejora ambiental, sino que abarca también dimensiones económicas y sociales.
Aunque el tema ha sido desempolvado en diversas oportunidades, continuaba guardado en la gaveta, sin integrar las agendas de los políticos, de las instituciones, de las empresas, de la prensa y de la mayoría de los nicaragüenses.
La búsqueda de fuentes energéticas alternativas al petróleo no es un fenómeno reciente en el mundo, pues basada en problemáticas económicas, en la crisis petrolera de 1970 se le incorporó la temática ambiental. Los tratados internacionales, en particular los que refieren al cambio climático, han reflejado presiones de diversos sectores para investigar e implementar energías alternativas a los combustibles fósiles. En el caso particular del biodiesel, su descubrimiento fue hecho hace un siglo y se utiliza desde hace años en Europa y América del Norte.
Los elevados precios del petróleo, la crisis en la agricultura, las bajas en los precios internacionales de los aceites, son algunos de los factores que han contribuido a darle un destaque adicional al biodiesel.
Elementos sensibilizadores de la sociedad. Habrá la existencia de inversionistas extranjeros o nacionales interesados en producir este combustible en el país, o resguardamos los intereses de otros que no contribuyen en este proceso.
Las dimensiones del desarrollo sustentable. En ese escenario, el biodiesel se levanta como una opción agroindustrial para Nicaragua por su capacidad de estimular la producción agrícola, crear nuevas actividades industriales, generar nuevos puestos de trabajo e ingresos adicionales para el Estado.
Por otra parte, tímidamente, asoman otras ventajas. Tal es el caso de las oportunidades ambientales que resultan de sustituir parcialmente al gasoil —recurso no renovable— por un biocombustible obtenido a partir de materias primas renovables, con menor “efecto” contaminante que la gasolina tradicional. En general, en el país no estamos acostumbrados a incluir esta perspectiva en las evaluaciones que realiza la sociedad.
Las virtudes que derivan de suplir aunque sea en forma parcial al petróleo, importado en su totalidad, por otro combustible, producido en el país, significa divisas que pagamos a terceros versus divisas que elegimos dejar en el país, que generan empleos, actividad en Nicaragua y una cadena de efectos multiplicadores en la economía interna.
Existen señales de que hay voluntad política para trabajar en este tema, de que hay un mercado que demanda este producto, productores capaces de generar la materia prima e industriales interesados en procesarla.
Estas señales son buenas, pero aún quedan restricciones que pueden impedir que esta buena oportunidad potencial deje de ser sólo una opción de negocio económico y se transforme en una “opción energética sostenible”. Los intereses tradicionales asociados a la importación de petróleo y la eventual inercia de Comisión de Energía de la Asamblea Nacional, el INE y las petroleras pueden ser algunas de las restricciones.
El costo del biodiesel es la principal traba a la producción, según algunos especialistas, pero estos análisis no consideran el conjunto de efectos multiplicadores en la economía y el mejoramiento del balance de divisas. Y no incluyen el incremento en los beneficios sociales producidos por las externalidades ambientales positivas de este combustible, con relación al petróleo.
Por lo tanto, un análisis a fondo debería incluir todos los aspectos a la hora de evaluar el reemplazo del petróleo por el biodiesel. Además de lo mencionado, esta oportunidad puede ir más allá de una situación coyuntural: según los especialistas internacionales, el precio del petróleo aumentará en las próximas décadas, por ser una fuente de energía no renovable y por la escasez y/o encarecimiento de las fuentes fácilmente disponibles.
En condiciones en las que los precios de los aceites sean altos, se nos plantean las siguientes interrogantes: ¿qué destino será prioritario para los granos y plantas nicaragüenses: el mercado interno o el externo? ¿cómo asegurar la continuidad de abastecimiento? Es esperable que nuevos problemas surjan sobre la marcha. Demandarán investigación para alcanzar las soluciones.
En síntesis, el futuro de un nuevo complejo agroindustrial está en manos del sector público, institutos de investigación, otras entidades y en manos del sector privado: agricultores e industriales.
Las emisiones de motores alimentados a gasolina de petróleo contienen CO2 y otras sustancias (monóxido de carbono, dióxido de azufre y nitrógeno, materiales particulados), químicos muy perjudiciales para la salud humana, capaces de provocar irritaciones y estimular el desarrollo de tumores. El dióxido de azufre, al disolverse en el agua, genera ácido sulfúrico, uno de los componentes principales de la lluvia ácida.
¿Pero en qué mejora el biodiesel?, pues garantiza una menor contribución al calentamiento global de la atmósfera, el CO2 de la combustión no contribuye a aumentar la concentración de CO2 en la atmósfera, ya que el CO2 liberado por los motores corresponde al que es retirado de la atmósfera en la fase de cultivos por el proceso de fotosíntesis.
El biodiesel se encuentra libre de compuestos azufrados, posibilitando el uso de catalizadores oxidativos que eliminan el material particulado de los gases de la combustión. Los materiales particulados son aspirados al respirar, depositándose en los alveolos pulmonares, favoreciendo el desarrollo de tumores. Éste es un aspecto muy importante al difundirse los vehículos diesel para su uso en las ciudades. Las emisiones de dióxido de nitrógeno no se ven disminuidas al usar biodiesel.
El biodiesel es un éster que puede hacerse a partir de distintos tipos de aceites: girasol, colza, soja, aceite de palma, grasas animales y hasta de aceites usados provenientes de la industria alimenticia.
Se usa puro o en mezclas con gasolina de petróleo. La forma más práctica de hacerlo es sustituyendo hasta 20 por ciento del gasolina con el éster (B20), no siendo necesarios la adaptación o el cambio de los motores.
Con el Proyecto de Ley sobre Biodiesel se pueden impulsar proyectos concreto a este respecto, tómenlo en cuenta “Padres de la Patria”.
El autor es ingeniero agrónomo