- El resultado de los comicios confirma de manera clara que EE.UU. es un país conservador
Todd S. Purdum
Resulta imposible ver la reelección del presidente George W. Bush y las mayorías republicanas más grandes en ambas Cámaras del Congreso estadounidense como cualquier otra cosa que no sea la confirmación más clara, hasta ahora, de que Estados Unidos es un país centro-derechista.
Sondeos realizados entre electores a la salida de las casillas encontraron que la mayoría creía que la economía nacional no estaba tan bien, que los recortes fiscales no habían hecho nada para ayudarla y que la guerra en Irak había puesto en peligro la seguridad nacional. Pero una quinta parte de los electores dijo preocuparse más por los “valores morales” y 8 de cada 10 de ellos eligieron a Bush.
En otras palabras, mientras que Bush se mantiene como una figura polarizante en ambas costas y en grandes ciudades, ha demostrado ser una figura motivadora en el amplio centro geográfico y político del país. Incrementó su porción del voto entre mujeres, hispanos, electores de mayor edad y hasta habitantes citadinos de manera significativa en comparación con el 2000, logró ligeras ganancias entre católicos y judíos y convirtió lo que entonces fue una derrota de 500 mil votos populares en una victoria de 3.6 millones de votos populares el martes.
Matthew Dowd, principal estratega del Presidente, emitió un memorando el 3 de noviembre donde señala que Bush se había convertido ahora en el primer Presidente republicano en ser reelecto con mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado desde Calvin Coolidge en 1924, y el primer Presidente de cualquier partido desde Franklin D. Roosevelt en 1936.
“Creo que hay muchas evidencias de que el pueblo estadounidense apoya a este Presidente”, indicó Ralph Reed, ex líder de la Coalición Cristiana que fue coordinador regional en el sureste de la campaña Bush este año. “Hay una gran franja de electores, no sólo en el sur sino en zonas de importancia decisivas del país que ya no sienten que el Partido Demócrata hable por ellos o sus valores, y eso es un serio impedimento para los demócratas en una campaña como la que hemos tenido”.
La interrogante más grande ahora puede ser qué agenda decidirá seguir Bush, y exactamente cuántas batallas decidirá librar con sus oponentes liberales o sus partidarios conservadores.
El poder de los presidentes electos a un segundo mandato tiende a disiparse rápidamente y el de Bush estará limitado al principio porque aún le faltarán cinco votos republicanos de los 60 que se necesitan en el Senado para detener un obstruccionismo demócrata.
William J. Bennett, ex Secretario de Educación, quien ha hecho una cruzada por los valores morales, señaló en el National Review Online que fue Ohio, que bien puede haber perdido más empleos bajo Bush que cualquier otro Estado, el que le dio su victoria por votos electorales.
Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, quien encabezó la carga que produjo un Congreso Republicano hace exactamente 10 años, dijo: “Creo que todos los temas importantes de este Presidente encajan muy bien en el concepto de una mayoría gobernante de centro-derecha. Si se piensa en John Kerry el cazador de gansos, en John Kerry el monaguillo y en John Kerry el defensor de Estados Unidos, entonces él debe haber comprendido a algún nivel muy profundo que no se puede salir de la centro-derecha y ganar”.
Gingrich añadió sobre Kerry: “Creo que hizo lo mejor que pudo. Creo que, de hecho, superó su voto natural por cuatro o cinco puntos porcentuales. Hay que darle bastante crédito en verdad”.
Desde el principio, Karl Rove, el gurú político de Bush, había argumentado que si éste podía hacer acudir a las urnas a millones de conservadores y evangélicos cristianos que se quedaron en sus casas hace cuatro años, podía ganar, ayudado también por cambios poblacionales que agregaron votos electorales a Estados en los que el Presidente tuvo fuertes resultados en ambas ocasiones.
LECCIONES PARA LOS DEMÓCRATAS
Bush se convirtió en el primer candidato presidencial en ganar más del 50 por ciento del voto popular desde que lo hizo su padre en 1988, y recibió un porcentaje más alto del voto popular que cualquier candidato demócrata desde Lyndon B. Johnson en 1964.
Todos esos números son intimidantes para los demócratas.
A principios de su campaña, Kerry provocó críticas por meditar en voz alta que los demócratas podían ganar la Casa Blanca sin el sur. No obstante, pese a todas sus esperanzas de que el suroeste podía ser su nuevo boleto de entrada, los demócratas se quedaron con la realidad de que en los últimos 28 años sólo Jimmy Carter y Bill Clinton de entre sus filas lo han logrado, y ambos tuvieron el apoyo evangélico y del sur. Kerry, católico de toda la vida, con frecuencia batalló este año para hablar de su fe en público.
“Bill Clinton y Jimmy Carter resultaron electos porque se sentían cómodos con su fe”, afirmó el representante Rahm Emanuel de Illinois, ex asistente de Clinton. “Lo que sucedió fue que una parte del electorado se presentó abierta a lo que Clinton y Carter tenían que decir sobre todo lo demás —cuidado de la salud, el medio ambiente, lo que fuera— porque estaban muy tranquilos ya que Clinton y Carter no menospreciaban la manera en que estas personas llevaban sus vidas, sino que las respetaban”.
INUSUAL EN 80 AÑOS
Bush es ahora el primer Presidente republicano en ser reelecto con mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado desde Calvin Coolidge en 1924, y el primer Presidente de cualquier partido desde Franklin D. Roosevelt en 1936.