Agencias
Divididos pero más movilizados que nunca, los estadounidenses se volcaron en masa a las urnas el martes para optar entre el presidente saliente George W. Bush y el demócrata John Kerry, en unas elecciones cuyo reñido final hizo contener la respiración al resto del mundo.
Desde el amanecer hubo largas filas de votantes en todo el país, incluyendo Estados clave como Ohio (noreste) y Florida (sureste), donde la gente esperó horas para sufragar.
Se esperaba que votasen unos 120 millones de electores (sobre una población de 193 millones de personas en edad de votar), una cifra mucho mayor que los 105.6 millones de 2000, cuando la participación fue de 51.3 por ciento.
La profunda polarización caraterizó a estas elecciones, que por primera vez en 32 años se celebran mientras el país está en guerra.
La multiplicación de las denuncias ante la justicia por irregularidades, incluso en la víspera de las elecciones, sobre todo en Ohio y en Florida, dos Estados claves y que pesarán mucho, había reavivado los temores de complicaciones.
Sin embargo, sólo se reportaron irregularidades menores en Florida, mientras en Ohio, observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunciaron que no se los autorizó a ingresar a locales de votación para asistir al recuento de votos.
Los estadounidenses hicieron frente ayer a impugnaciones a su habilitación por parte de los partidos, máquinas de votación defectuosas y otros problemas, a la vez que legiones de abogados, activistas y expertos en computadoras observaban la situación en busca de casos en que se privase a los electores del derecho al voto.