Bush, un Presidente de guerra

Renuente a reconocer errores en sus 4 años, el mandatario pone únicamente a la historia como su juez Jean-Louis DoubletWASHINGTON/ AFP Ver infografía Tras los fracasos reiterados en los negocios y la política, de sus primeros 40 años, George W. Bush retomó el tiempo perdido en su juventud. Compró junto con amigos el equipo de […]

  • Renuente a reconocer errores en sus 4 años, el mandatario pone únicamente a la historia como su juez

Jean-Louis DoubletWASHINGTON/ AFP

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Tras los fracasos reiterados en los negocios y la política, de sus primeros 40 años, George W. Bush retomó el tiempo perdido en su juventud. Compró junto con amigos el equipo de beisbol los Texas Rangers, ganó sus primeros millones de dólares y estableció importantes vínculos en el mundo de los negocios.

Su padre fue derrotado en 1992 por el demócrata Bill Clinton, pero George W. Bush y su hermano Jeb, ambos participantes en esa triste campaña, retomaron la senda victoriosa: George, el mayor, se presentó al puesto de gobernador de Texas en 1994 y Jeb el de gobernador de Florida (sudeste).

Para sorpresa de los observadores políticos y del clan Bush, George W. venció ese año a Ann Richards, la demócrata juzgada imbatible, y Jeb, considerado el heredero político natural, perdió.

Sin embargo, Jeb finalmente fue elegido para ese cargo en 1998, cuando George W. logró el respaldo electoral para su segundo mandato en Texas.

El mayor de los hijos Bush administró Texas con un programa “conservador compasivo”, mezcla de liberalismo económico y política social basada en las asociaciones caritativas religiosas. No dejó de lado el aspecto represivo: más de 130 convictos fueron ejecutados en ese Estado durante sus dos mandatos.

Su éxito y su agenda política lo convirtieron en el candidato ideal de los republicanos para retomar en el 2000 la Casa Blanca, hasta entonces dirigida por el demócrata Bill Clinton.

Casi desconocido para el gran público, Bush realizó una destacada campaña contra el Vicepresidente saliente, Al Gore. El día de la elección, obtuvo menos votos que su rival, pero finalmente fue elegido gracias a la votación indirecta del Colegio Electoral, donde obtuvo un mayor número de grandes electores tras una larga batalla jurídica que hizo inclinar a su favor al Estado de Florida, donde su hermano era gobernador.

El periodista Frank Bruni estimó en una biografía del joven Presidente, que “entró a paso ligero en la historia” y que “la trayectoria de su vida, su carrera política y su llegada a la Presidencia fueron adquiriendo seriedad lentamente, en forma casi esporádica”.

Pero los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 precipitaron el ritmo de su ascenso. Tras quedar una hora ‘flotando’, Bush se transformó en Presidente de guerra, prometiendo a los estadounidenses venganza.

Entonces, su popularidad estalló de golpe y logró reunir una amplia coalición internacional para intervenir en Afganistán a la búsqueda de los terroristas de la red Al Qaeda, liderada por Osama Bin Laden, aún prófugo.

Luego apuntó a Saddam Hussein, el dictador iraquí, quien tras la guerra del Golfo de 1991 impulsada por George Bush padre, permaneció en el poder y se convirtió en su enemigo número uno.

Bush lo acusó de esconder armas de destrucción masiva y de tener lazos con los terroristas.

El combate también fue a nivel personal: “Es la persona que intentó matar a mi padre”, exclamó Bush en septiembre de 2002, haciendo referencia a un intento de asesinato en 1993 adjudicado a los iraquíes.

El hijo mayor, a diferencia de su progenitor, no buscó reunir un gran número de aliados como se hizo en la guerra de 1991 ni anticipó peligros de permanecer en territorio iraquí.

George W. Bush precipitó la guerra, ante el descontento de la mayor parte de los aliados tradicionales de Estados Unidos, y en marzo de 2003 lanzó la invasión de Irak junto con Gran Bretaña. Bagdad cayó en tres semanas.

Vestido en uniforme de piloto de caza, pese a que nunca había combatido en su vida, Bush aterrizó en un portaaviones para proclamar en mayo el fin de los combates.

Pese al enorme caos reinante en Irak, al millar de soldados estadounidenses muertos en ese país y a la ausencia comprobada de armas de destrucción masiva, que según Bush justificaban la guerra, el Presidente de guerra hizo de la obstinación su arma principal para buscar la reelección en noviembre para un segundo mandato.

Muchas veces consultado sobre cuáles podrían ser los errores cometidos a lo largo de su primer mandato, Bush asegura no encontrar ninguno, dejando a la historia como único juez y repitiendo su mantra: “Una misión a consolidar”.

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