- Hace 30 años Alí desde Zaire impactó al mundo con una victoria para la historia
Edgard Tijerino M.
¿Cómo podrá escapar Muhamad Alí a la destrucción hoy?, pregunté en mi artículo de aquel 30 de octubre de 1974, previo al combate con George Foreman en Kinshasa, Zaire, en el corazón de África.
No veía cómo, el deslumbrante púgil que sorprendió al mundo 10 años antes arrebatándole el cinturón de todos los pesos a Sonny Liston, evitaría ser golpeado brutalmente por ese gigante derriba-edificios llamado George Foreman. En 1973, en Kingston, Jamaica, Foreman había convertido a Joe Frazier en una bola de frontón, mientras le propinaba una paliza escalofriante.
“Yo sé cómo pelearle. Voy a ridiculizarlo”, dijo Alí en una de sus típicas jactancias, pero en esta ocasión, muy pocos le creyeron. Como siempre que “el Profeta” subía al ring el mundo se detuvo.
En los días previos y al comenzar el combate, Alí gritó, gesticuló y provocó a un Foreman aparentemente imperturbable, pero que ardía por dentro reteniendo la lava.
En la batalla, mientras Foreman agredía lanzando sus manos como aspas de molino, Alí recurrió a sus trucos. No fue ni la sombra de aquel peleador que bailaba como Fred Astaire, disparaba un jab zurdo perfecto como estocada de Scaramouche, cruzaba el rostro del enemigo con sus golpes de trazado geométrico implacable e impecable, y que entraba y salía tan sigilosa y efectivamente como el fantasma del Teatro de la Ópera en París, pero tenía todavía suficiente talento para desajustar cualquier maquinaria muscular con poca capacidad para improvisar o cambiar de estilo.
Todo lo que hizo Alí fue bien sencillo. Se acomodó en la cuerda central apoyándose en una asimilación sobrenatural, y esperó y absorbió las embestidas que Foreman ensayaba como un bisonte, bajando la cabeza y disparando sin reparar en la corrección de ángulos.
Sus mejores golpes entraron, pero Alí los amortiguó con ese colchón de músculos flexibles que cubrían su zona baja.
De pronto, Alí funcionaba como una ametralladora desplegando todas sus energías, aturdiendo y deteriorando la confianza y fortaleza del gran “oso”. Luego, regresaba a la fase de congelamiento, en una rara estrategia, sólo posible de ser manejada por un hombre de voluntad tan inmensa, recursos tan variados y una admirable resistencia al suplicio como ese súper peleador que fue Alí.
Alí regaló el ring pero estuvo atento para achicar el espacio trabajando eficazmente en la corta distancia, anticipando con la mano izquierda, anulando los golpes, y finalmente, obligándolo a defenderse.
Antes del primer minuto de pelea, Foreman tenía el ojo izquierdo inflamado, en el segundo tenía los dos ojos abollados y en el cuarto un hematoma en la frente. Alí llegaba primero, pegaba más y no daba la distancia. Además, su primordial objetivo era cuidar su cara. Sabía que el peligro de ser tumbado estaba en la zona alta, y que por supuesto, las cuerdas serían sus aliadas. Echando el torso hacia atrás dejaba a Foreman fuera de distancia, y esto comenzó a verse con mayor frecuencia a partir del cuarto round.
Nunca olvidaremos la fulgurante combinación del octavo asalto. Con Foreman abierto como un ropero en una exposición, Alí envió una izquierda poderosa seguida de una derecha firma epitafios, y el gigante, al quedarse sin piernas, sin corazón y sin alma, se derrumbó como víctima de un bombardeo.
Su cuerpo quedó mirando al cielo con las piernas abiertas. Todo estaba consumado. El mundo no podía creerlo.
EL SHOW DE ALÍ
Desde su victoria sobre Sony Liston, Alí fue un maestro del desconcierto antes del sonido de la campana. Y este detalle lo ofreció Norman Mailer:
Cuando el referi Zach Clayton, de Filadelfia, “puesto a dedo” por Foreman, daba las instrucciones, Cassius le dijo cosas irreproducibles. Y ya en el combate, repitió algunas frases irritantes para Foreman. Por ejemplo: “Aprende animal”, “No así no”, “Qué fácil eres”, “Como me divierto contigo”.
Esto era lo que buscaba Alí: desmoralizarlo, llevarlo a la lucha verbal, reírse de las fallas de Foreman y hacerlo caer en la histeria con palabras y foules. Lo logró.