Es lastimoso y hasta risible el reclamo que Rosario Murillo le hace a los periodistas por no respetar su privacidad y la de su familia, las quejas llorosas por fotografías y caricaturas que dañan la paz y la imagen de su “intelectual” esposo y el deterioro que estas libertades (o libertinajes) que se toman los periodistas engendran odio y rencores en la población nicaragüense.
Hay que dejar claro que si alguien no puede reclamar tan preciado respeto es ella y su familia. Ella y su esposo se encargaron abiertamente de destruir la paz y la unidad familiar por una década. Ellos separaron padres de sus hijos, pues los que no eran reclutados para un batallón eran sacados de Nicaragua hacia diferentes países por las mismas razones, dejando atrás familia, Patria, amigos, etc.
Los periodistas y fotógrafos hacen su trabajo y ganan su sueldo honesta y dignamente, y si los Ortega-Murillo cuidaran esa paz e intimidad familiar, Daniel no se comportara de esa manera ni aceptara tan cercana afección de sus partidarias.