Las esperanzas de la juventud eterna reposan en las vitaminas y las enzimas de última generación
El retinol o Vitamina A ácida se tiene por la vitamina antiarrugas por antonomasia. No sólo estimula la actividad de las células, sino que atenúa las arrugas y mejora la elasticidad de la piel. Su historia se remonta a los años treinta, cuando el profesor Kligman descubre en Estados Unidos, el poder rejuvenecedor de esta vitamina, aunque no exenta de efectos secundarios (irritación, alergias).
Los cosmetólogos trabajaron con compuestos derivados de la milagrosa vitamina hasta que el laboratorio Avéne incluye en su fórmula el retinaldehido, un derivado que se transforma en vitamina A ácida conforme a las necesidades de la piel. Finalmente, en 1995 la marca Roc consigue estabilizarla en estado puro sin ningún tipo de efecto secundario.
EL PODER DE LA ENZIMAS
La piel es un entramado vivo que funciona como una fábrica de transformación biológica. La cosmetología no sólo intenta aportarle sus carencias, sino que le enseña a fabricar lo que necesita y a hacer frente a las agresiones mediante la inhibición de las enzimas que causan estragos sobre ella. En este sentido aparecen fórmulas que plantan cara a la plasmina, una enzima enemiga de las pieles secas; estimulan la catalasa, que ataca los radicales libres; o inhiben la elastasa y la colagenasa, ambas muy combativas con las fibras de elastina y colágeno.
La coencima Q-10 es lo último en cremas. Se trata de un componente natural cutáneo que está presente en todas las células vivas. Su misión es fomentar la producción energética de éstas (el 95 por ciento de la energía corporal se debe a su intercesión). Además, protege la piel de los radicales libres, estimula su regeneración y retarda el envejecimiento. Con los años se reduce la cantidad de esta coenzima que se almacena naturalmente en las células, y la piel pierde su poder para reparar arrugas. Sus poderes son tantos que, incluso, se ingiere como complemento dietético.
Fuente: Mundo Hogar