El juego del dime que te diré entre la Contraloría y el Ejecutivo parece no tener fin. Por más que la Contraloría haga todo por ensuciar la imagen del Presidente, no ha podido comprobarle ningún delito y todas las acusaciones que se ventilan se desvanecen como cortinas de humo. Lo que queda claro en este caso es la mala intención de los contralores de hundir al Presidente e irrespetar la lógica y la razón del pueblo nicaragüense.
¿Creerán acaso los señores contralores que el pueblo nicaragüense les cree su discurso de honestidad, cuando persiguen al honesto y apadrinan al corrupto? ¿acaso no practican ellos los mismos delitos que denuncian, cuando devengando salarios provenientes del pueblo nicaragüense se la pasan en sus oficinas tramando planes y conspirando entre ellos para debilitar al adversario político y lograr sus objetivos partidarios? ¿no es esto corrupción? A ellos ¿quién los juzga?