- Mujeres con discapacidades enfrentan desafío de sobrevivir
Hilda Rosa Maradiaga C.
El día que María Teresa Muñoz salió de su casa para visitar a su esposo Rolando Blas hasta Mulukukú, donde cumplía su servicio militar a pesar de padecer epilepsia, pensó sólo en la alegría de poder verlo y llevarle medicinas para su padecimiento. Nunca imaginó que esa visita le cambiaría la vida.
Su esposo tuvo un ataque, el arma se disparó accidentalmente e impactó a María Teresa en la mano izquierda. El brazo quedó inmovilizado, su abdomen con 38 puntadas producto de los injertos de piel y nunca más pudo trabajar, no por falta de capacidad, sino porque con su discapacidad es difícil encontrar trabajo.
La historia de cada mujer con capacidades diferentes varía en detalles personales, pero se repite en otro tanto. Ellas comparten la discriminación social, la pobreza, la falta de oportunidades de estudio, de trabajo, medicinas y falta de acceso a lugares públicos, entre otros.
UNA SOCIEDAD “NEGATIVA”
Plácida Sánchez, de Somoto y con secuelas de polio, considera que la sociedad es demasiado negativa con ellas. “Este tipo de mujer es desechada por la sociedad porque creen que no puede cumplir con una labor”, reflexiona.
Quizás la falta de sensibilidad con respecto a estas mujeres se resuma en el pensamiento de Sánchez, quien no tiene hijos porque “pienso en el futuro, en cómo está el mundo de convulsionado, y no quisiera llegar al día en que yo falte y dejar un hijo en este tipo de humanidad”, explica.
Es por eso que mujeres de todo el país, agrupadas en 18 organizaciones aglutinadas en la Federación de Mujeres con Capacidades Diferentes, realizaron el sábado en el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) el Segundo Encuentro Nacional para unificar sus demandas y presentarlas al Gobierno.
Dulce María Bendaña, miembro de la federación, dijo que necesitan que la Ley 202 se cumpla. Esta ley les otorga derecho a educación, salud, accesibilidad y obtener sus aparatos auxiliares.
Explicó que muchas de ellas son de escasos recursos y aún así deben costear sus aparatos auxiliares, los cuales son muy caros.
DISPUESTAS A TRABAJAR
Todas ellas coinciden en la necesidad de trabajar. La Ley 202 indica que toda empresa debe tener una persona discapacitada por cada 50 trabajadores y sin embargo esto no se cumple.
Plácida Sánchez ha trabajado tanto en Nicaragua como en Guatemala, pero reconoce que una persona con discapacidad consigue trabajo “por amistades y no porque la ley se cumpla”.