- Por el título en la Serie Mundial
Steve WilsteinAP
NUEVA YORK.- No hubo burlas que los hiciera amilanarse. Tampoco una maldición que los asustara. Nada pudo frenar a los Medias Rojas de Boston.
Desafiando un historial de fiascos, Boston parece estar flotando en una nube tras completar una regreso sin antecedentes en las Grandes Ligas.
Y con el gusto adicional de hacerlo a expensas de los Yanquis de Nueva York, sus archirrivales, para avanzar a la Serie Mundial por primera vez desde 1986.
“Todos los imperios caen tarde o temprano”, proclamó el presidente de los Medias Rojas Larry Lucchino, el mismo dirigente que hace dos años tildó a los neoyorquinos como el “Imperio del Mal” en una guerra de palabras con George Steinbrenner, el propietario de los Yanquis.
Con una nómina mucho más baja que la de los Yanquis, los Medias Rojas se las arreglaron para armar un equipo con peloteros capaces de crecerse en los momentos difíciles y hacer realidad una gesta como pocas.
“Pienso en todos esos grandes equipos de los Medias Rojas que siempre se quedaron cortos ante los Yanquis”, dijo el gerente general de Boston Theo Epstein, emanando todo el orgullo de haber armado el equipo que sí lo pudo lograr.
De la manera como los Medias Rojas se alzaron con la corona de la Liga Americana, con cuatro victorias en fila, cualquiera diría que finalmente podrán ganar la Serie Mundial por primera vez desde que Babe Ruth estaba en sus filas en 1918.
Tras sucumbir en tres partidos y casi perder por lesión a su “as” Curt Schilling, Boston se dio la satisfacción de reír de último, cuando todos los daban por acabados.
Ahora, los fanáticos de los Yanquis podrán comprender en cierta medida el sufrimiento de los seguidores de Boston, un equipo que encontraba nuevas formas inexplicables para perder una y otra vez.
La victoria 10-3 sobre los Yanquis en el séptimo juego se sentenció con una rola a segunda base del puertorriqueño Rubén Sierra. Nada extraño pasó.
La pelota no se le escurrió entre las piernas. No hubo un tiro desviado. Tampoco intervino nada sobrenatural en el Yankee Stadium que pudiera arruinarle el festejo a los Medias Rojas. Pokey Reese tiró sin problemas a la inicial y Boston se proclamó campeón ante la mirada atónita de los Yanquis.
“Estoy avergonzado”, dijo Alex Rodríguez, quien estuvo a un tris de ser cambiado a los Medias Rojas antes de aterrizar en Nueva York. “Es algo que duelo. Verlos celebrar en nuestro estadio. Estar arriba 3-0 y no poder dar el golpe de gracia. Eso duele. Voy a necesitar irme a un lugar por cierto tiempo y esconderme”.
TODOS APORTARON
El dominicano David Ortiz, que fue seleccionado como el Más Valioso de la serie, conectó otro jonrón el miércoles para esta vez encaminar a los Medias Rojas en el primer episodio. Un par de hits suyos dejaron tendidos a los Yanquis en el cuarto y quinto juegos.
Johnny Damon, desaparecido en los primeros seis juegos, le pegó un jonrón con las bases llenas al relevista puertorriqueño Javier Vázquez en la segunda entrada. Damon sonó otro cuadrangular en el cuarto, remolcando dos carreras más para poner el marcador 8-1, liquidando a los Yanquis.
Derek Lowe, el descarte en la rotación de los Medias Rojas durante buena parte de la campaña, lanzó una joya: pelota de un hit en seis entradas. Fue su segunda gran apertura en la serie. Cuando Boston estaba contra la pared en el cuarto juego, se encargó de abrir y maniató a los Yanquis a seis hits en cinco entradas y un tercio.
Y cuando Pedro Martínez entró a relevar en el séptimo, los fanáticos de los Yanquis no vacilaron en vociferar el cántico «¿Quién es tu papá?». Con una ventaja tan abultada, pareció absurdo que los Medias Rojas llamaran al dominicano del bull pen, si bien los Yanquis le fabricaron dos carreras.