Mina Nelson
Será que se ha extinguido el espíritu heroico de los nicaragüenses? ¿En dónde quedó el afán patriótico de tantas gestas que hicieron historia? No pido que el pueblo se levante nuevamente en armas, pero el momento ha llegado para que hagamos honor a nuestro orgullo de luchadores por la democracia y la libertad.
No es a Enrique Bolaños al que están amenazando. Es todo individuo y familia, son las instituciones del Estado, son los bienes particulares, la vida en fin de una nación que no ha logrado sacudirse de los perversos, de los malvados que la desangraron, la saquearon y la denigraron ante el mundo.
Las maniobras desestabilizadoras, los nuevos pactos, la pretendida destitución del Presidente, son golpes bajos dados al pueblo nicaragüense, porque quisieran deshacerse del único hombre decente y honesto que ha pasado por la primera magistratura del país desde aquel tristemente recordado 19 de julio de 1979, para reanudar la rapiña.
El pueblo nicaragüense, con su voto a favor de Bolaños, logró la instauración de la honradez en el Gobierno para garantizarse la correcta administración de los recursos del Estado que sólo habían servido para enriquecer a verdaderas mafias políticas durante los últimos veinticinco años. Corresponde entonces al pueblo nicaragüense defender esa conquista contra todo intento de sembrar el caos por parte del caudillismo corrupto.
Hay que seguir el ejemplo de Costa Rica, donde la nación entera se ha levantado para proclamar un basta ya a la corrupción que tiene entre sus más visibles representativos a dos ex presidentes de la República.
Es un caso semejante al de Nicaragua pero con distintas consecuencias, porque cuarenta y tres de cuarenta y siete diputados se unieron al actual gobernante para exigir la renuncia del ex Secretario General de la OEA, en tanto los legisladores de Nicaragua actúan como borregos y cierran filas alrededor de los cabecillas de la corrupción.