Roberto Morales Muñoz
Recientemente, Argentina ha reiterado la propuesta de Brasil a los países del istmo centroamericano de unirse al Mercado Común del Sur (Mercosur), mediante un Tratado de Libre Comercio. En esta oportunidad, Argentina lidera la iniciativa de reactivar este puente comercial.
El Mercosur integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y sus Estados asociados Bolivia, Chile y Perú, se ha constituido en el bloque comercial más grande de América Latina, atraviesa su máximo esplendor en la integración subregional del sur con el ingreso de Perú y próximamente Venezuela; así como los positivos resultados obtenidos en las negociaciones en los acuerdos preferenciales con la India y la Unión Aduanera de África del Sur.
La decisión de fortalecer el planteamiento de Brasil, en la persona del canciller Celso Amorín, de iniciar contactos formales con el Sistema de Integración de Centroamérica (SICA), fue adoptada en la víspera en la reunión informal de Coordinadores Nacionales en Asunción, donde la delegación gaucha, encabezada por el subsecretario de Integración Económica, Americana y Mercosur, Eduardo Sigal, emitió un comunicado informando al respecto.
El subsecretario Sigal, declaró, durante este encuentro en Asunción, que la intención de comenzar un diálogo con el SICA demuestra que el bloque del Cono Sur se expande, estableciendo acuerdos comerciales con el objetivo de conquistar terceros mercados para colocar sus productos en el mundo.
Esta invitación cobra mayor vigencia al encontrarse Brasil en ejercicio de la presidencia del Bloque, dándose todas las condiciones políticas para empezar con esta empresa que permitirá la integración del istmo centroamericano con los pueblos hermanos del Sur, materializando la creación de una vasta zona libre de aranceles, modificando, una vez más, la geografía económica y comercial de la zona.
A mi modesto entender, las intenciones del Mercosur son buenas y, sobre todo, muy acertadas, representan un nuevo reto no solamente para ampliar el mercado centroamericano sino también fortalecerlo, sirviendo de base, experiencia, fogueo y guía para nuevos acuerdos comerciales con Europa y Asia, por ejemplo. Asimismo, el futuro acuerdo comercial facilitará el comercio regional del sur y centro de América, sin interferencias, con reglas claras y definidas, en igualdad de condiciones y sin ningún tipo de restricciones, salvo aquéllas que representen un peligro a las economías y productividad local.
La negociación del TLC entre ambos bloques perfectamente se pueden producir de la misma manera en que se produjo la negociación del Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), al amparo del principio de asimetría, una negociación manejable que permita a los países del istmo asumir obligaciones compatibles a sus intereses comerciales y políticos, en base a sus propios niveles de desarrollo industrial con tiempos de desgravación sumamente flexibles y el reconocimiento de sensibilidades que permita a los centroamericanos adaptarnos o acomodarnos a las necesidades y requerimientos de los nuevos mercados y sus productos.
Las consecuencias de esta unión son beneficiosas en todo sentido. En el plano político, se convierte en un polo y un bloque biregional que permite consolidar posiciones frente a cualquier negociación frente a otros bloques. En el plano económico y comercial representa el desarrollo de estrategias conjuntas, una opción única para hacer surgir nuevas industrias que promuevan el empleo, el consumo interno, promover las exportaciones y la inversión, logrando inclusive surgir áreas o sectores débiles o vulnerables de nuestras economías convirtiéndolos en productivos. Asimismo, ofrece mayor libertad al comercio intracontinental, más opciones de consumo tendientes a reducir la pobreza, inclusive.
Centroamérica necesita elevar los niveles de exportación, mejorar y ampliar la oferta exportable hacia el Mercosur que integró a 350 millones de personas que producen un billón de dólares al año en bienes y servicios.
El TLC con el Sur implica una respuesta inmediata a los temas comerciales dentro del proceso de integración, acorde a las nuevas realidades y necesidades de otros mercados emergentes, permitiendo perfeccionar el mejor intercambio de ideas, recursos y posibilidades que permitan alcanzar el desarrollo, porque sin unificación no podremos salir adelante, sin esa integración que permita alcanzar un desarrollo económico y social, entre otros.
El sueño de la unión sudamericana se sigue completando, por este medio invito a todas las autoridades de Centroamérica a tomar la mejor disposición frente a esta invitación y beneficiar a millones de centroamericanos mediante la firma de este TLC con el bloque integracionista más próspero del ser de nuestra América. ¿Podrá Centroamérica asumir el reto? La respuesta, a todas luces, es más que positiva, es un sí.
El autor es Jurista en Derecho