Una iguana verde come una flor de papaya, uno de los alimentos de su dieta, en el criadero de San Francisco Libre.

Esfuerzos al otro lado del lago

En el otro extremo del Lago de Managua o Xolotlán, donde se miran unos cerros azulados, si lo divisamos desde el Malecón capitalino, pululan la pobreza y el hambre. En muchos lugares no hay luz, ni agua, pero también hay campesinos que se han metido entre ceja y ceja que quieren salir adelante, un objetivo […]

  • En el otro extremo del Lago de Managua o Xolotlán, donde se miran unos cerros azulados, si lo divisamos desde el Malecón capitalino, pululan la pobreza y el hambre. En muchos lugares no hay luz, ni agua, pero también hay campesinos que se han metido entre ceja y ceja que quieren salir adelante, un objetivo que vienen logrando poco a poco

Gustavo Ortega Campos

Al otro lado del Lago Xolotlán, el turbio espejo ubicado junto a la ciudad de Managua, existe un municipio que se caracteriza por la aridez y la pobreza. Es “San Pancho”, oficialmente conocido como San Francisco Libre, antes del Carnicero, cuando la ganadería era el orgullo de los pobladores.

Para sobrevivir los campesinos se amparan a esfuerzos de organismos foráneos o nacionales, pues la presencia de las autoridades municipales es mínima debido a las condiciones de pobreza que enfrentan, y no se diga de los personeros del Gobierno Central, los que, parece, se olvidaron de esta gente, según reclaman los mismos pobladores.

Pesca, ganadería, extracción de madera para leña, sorgo, son algunas de las alternativas con las que sobreviven los pobladores. Aunque poco a poco, así como el riego por goteo, se van sumando esfuerzos para tratar de diversificar las opciones.

Uno de esos esfuerzos es la instalación de un criadero de iguanas muy cerca del casco urbano de “San Pancho”, el proyecto es coordinado por la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica), auspiciado por un organismo de cooperación alemán que donó la infraestructura y respaldado con el aporte de la comuna que se encargó de donar el terreno.

El criadero cumplirá muy pronto un año, su estructura es acorde a las necesidades de la crianza de iguanas, con corrales donde están separadas las jóvenes de las adultas y es decisión de los criadores mezclar hembras con machos para el apareamiento.

Ignacio Bermúdez Suárez era el criador “de turno” cuando LA PRENSA visitó el lugar, estaba ensimismado lanzando el primer “tiempo” de comida (son dos al día) que con sagacidad es devorado por los reptiles, que se muestran ariscos y atentos a cualquier ruido o movimiento.

Hojas de papaya, quelite, narango, frijol canivalia, flores de jícaro y avispa, son parte del menú para estos animales verdosos que son un deleite para la vista cuando reciben en su piel los rayos del sol.

La alimentación recomendada depende de la edad, pues se diferencia la capacidad de digestión entre los llamados neonatos (los más chicos), los jóvenes y los adultos.

Todos estos insumos son sembrados y cosechados en las mismas instalaciones del criadero.

Ignacio cuenta que la meta inmediata es tener 50 ejemplares adultos para que se reproduzcan, luego comercializarlos, quedando con las crías para un nuevo proceso de reproducción.

Los nuevos criadores se abastecen del zoocriadero de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), donde compran los ejemplares entre 50 y 60 córdobas, por supuesto que una vez que las comercialicen deberán sumar a este precio las ganancias esperadas.

Ignacio, de 42 años, tiene tres hijos y, antes de involucrarse con otros nueve socios en este menester, se dedicaba a la pesca y la extracción de leña.

Mientras que su compañera de turno en la faena (cuido de los reptiles), Dominga Conde (34 años), otra de las socias del proyecto, está aportando con esta labor a la manutención de sus cuatro hijos, ingresos que sumarán a las ganancias de su esposo que se dedica por completo a la pesca.

Dominga explica que existe un rol para el cuido del criadero, esta vez le tocó a Ignacio y a ella, y esto implica alimentación, además de vacunación y desparasitación cuando lo amerite.

Como expertos explican que las iguanas se reproducen una vez al año (noviembre, época de celo), temporada en que las hembras expulsan entre 18 y 40 huevos.

Están metidos de cabeza en su proyecto con la convicción de que servirá para complementar sus anteriores métodos de subsistencia, principalmente la pesca, rubro del que dan fe que es muy seguro, pese al alto grado de contaminación que posee el Xolotlán.

“Se hacen pruebas del agua hasta en el Minsa (Ministerio de Salud)”, señala Dominga, tras asegurar que la pesca les puede dejar ingresos de hasta 100 córdobas diarios al comercializar las mojarras, guapotes y tilapias, incluso con compradores de El Salvador y Honduras.

Este grupo arrancó el proyecto con 47,500 córdobas, como parte del respaldo que garantiza Funica.

VIVIENDO DE LAS PELIBUEY

Más difícil es el trayecto para llegar a la comunidad de San Ramón, poblado que se encuentra al lado suroeste del municipio, aquí un grupo de pobladores, casi todos familiares, ha incursionado en la crianza de ovejas pelibuey, siempre con el apoyo de Funica.

Llegar a estas casitas, que hace unas cuatro décadas fueron parte del campamento campesino que trabajaba en los algodonales, es casi una odisea, pese a estar a no más de 60 kilómetros de la capital, la pobreza es obvia, no hay luz desde hace seis años, no hay teléfono, ni agua potable… pero algunos tienen celulares, el único medio para comunicarse.

Isabel Mejía, una mujer con la piel tostada por el clima inclemente de la zona, junto a su esposo, sus tres hijos y otros pobladores han conformado un grupo de trabajo de 18 personas que han contado con permanente capacitación para la crianza de las ovejas pelibuey, antes eran ciento por ciento pescadores.

Las casitas están apostadas frente a las costas del Xolotlán, al otro extremo de la Managua que lucha por ser moderna, “nosotros oímos la música de los actos del Malecón como si fuera ahí nomás”, dice sonriendo Alcides Martínez, uno de los hijos de Isabel.

La doña, sentada junto a sus vástagos, relata que el grupo empezó con cuatro ovejas “y ahora parecen hormigas”, y así se les mira correteando en las orillas del lago.

Llevan más de un año en estos negocios y ahora venden las ovejas medianas hasta en 500 córdobas y los machos adultos hasta en 1,200 córdobas.

Eso es un cambio de ingresos considerable ante ingresos de siete y 55 córdobas por la docena de mojarras y guapotes, respectivamente.

“Trabajar con las pelibuey es más rápido y más cómodo”, asegura Alcides, el más hablantín.

Ahora él es casi un veterinario, pues la capacitación se ha extendido a otras especies y los parientes lo llegan a buscar cuando tienen inconvenientes con sus animales.

Su hermano Francisco asegura que en San Ramón ahora hay más de 700 pelibuey, todas tratadas con las de ley, desparasitadas, vacunadas y vitaminadas.

Para lograr estos resultados iniciaron con 65 mil córdobas logrados mediante los concursos y estudios que realiza Funica.

Ahora la tarea es ampliar sus conocimientos y buscarle valor agregado a la actividad, piensan instalar un proyecto de mejoramiento de pastos y trabajar en la mejoría de las razas.

“Ahora estamos satisfechos y sabemos que vamos para largo, lo que nos resta es que nos escuchen para lograr el acceso al agua y la luz”, dijo doña Isabel, flanqueada por sus dos hijos “ovejeros”, que no han dejado del todo la pesca y la ganadería bovina, dos actividades en las que no les va muy bien.

EL ACCESO A LOS FONDOS

Para lograr el acceso a los fondos de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica), los productores deben presentar una especie de proyecto, donde soportan la solicitud de fondos con detalles de sus usos.

Una especie de Concejo Municipal analiza la sugerencia hecha por los campesinos, esta instancia está ubicada en algunos casos en las sedes de organizaciones de productores, en otros relacionadas con iglesias, entes estatales o en organismos no gubernamentales.

Una vez aprobado el proyecto se realiza el desembolso no revolvente, es una especie de donación, pero uno de los requisitos es que los productores garanticen un porcentaje del costo.

VALE LA PENA

Para Jesús Pérez, oficial de proyectos de Funica-FAT, su mayor satisfacción es observar el resultado y el tesón de los campesinos que se han aventurado a apostar en proyectos que mejorarán su nivel de vida. “Les enseñamos a que vean la educación como una inversión”, asegura. Este técnico junto a los colegas se encarga de evaluar y valorar el desempeño de los proyectos en materia de aprendizaje e incremento de ingresos.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí