Enrique Padilla Santos
Decía Dwigt D. Eisenhower, el 34 Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, que: “Para que un hombre sea líder, necesita seguidores. Para tener seguidores, un hombre debe ganarse la confianza de ellos”.
Los que estábamos en Nicaragua en los años ochenta del siglo recién pasado, debemos recordar un memorable debate que hubo entre Daniel Ortega y Enrique Bolaños.
Don Enrique no dudó ni un momento en enfrentarse al hombre más poderoso de la revolución y del país en aquel entonces. Tan poderoso fue esa vez, el caudillo o tirano, que como no le gustó lo que le dijo don Enrique Bolaños al día siguiente amanecieron confiscadas las empresas de Saimsa (miles de manzanas de algodón, desmotadora y aviones fumigadores).
¿Alguien más se atrevió a eso. Hoy la tortilla se voltea y don Enrique Bolaños es el líder que raya el queso. Pero, ¿puede creer alguien que don Enrique confiscaría al día siguiente a don Daniel Ortega sólo porque no le guste lo que le que le dice?
Hoy las fuerzas perversas del mal están queriendo borrar al líder que se ha ganado la confianza de los nicaragüenses que deseamos y luchamos por una vida mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Si dejamos solo a nuestro líder, seremos unos desagradecidos. Recuerden: es de bien nacidos ser agradecidos. De nosotros depende si queremos volver a la noche oscura.