Cientos de civiles han muerto en varias semanas de bombardeos estadounidenses en Faluya. El Ejército asegura que ataca refugios de terroristas.

Bush prefirió no admitir sus errores en Irak como estrategia

The New York Times SAN LUIS, MISSOURI.- Hasta cierto momento a principios del verano, el presidente Bush y sus asesores lidiaron esporádicamente con un dilema fundamental: ¿era más inteligente entrar a los meses finales de la campaña electoral confesando los errores considerables en las decisiones que llevaron a la invasión de Irak y en las […]

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SAN LUIS, MISSOURI.- Hasta cierto momento a principios del verano, el presidente Bush y sus asesores lidiaron esporádicamente con un dilema fundamental: ¿era más inteligente entrar a los meses finales de la campaña electoral confesando los errores considerables en las decisiones que llevaron a la invasión de Irak y en las estimaciones iniciales de cómo mejor ocupar el país? ¿O beneficiaría más al presidente reconocer sólo los errores de juicio más pequeños y hacer que el electorado se enfocara en la esperanza de un futuro prometedor para Irak y todo el Medio Oriente?

Bush escogió la segunda opción. Tomar cualquier otra decisión, señaló uno de sus asesores recientemente, sería “brindarle a John Kerry la oportunidad que esperaba”.

Pero ahora, en las semanas finales de la campaña, esa decisión luce mucho más riesgosa que en los días optimistas cuando se devolvía Irak a los iraquíes.

La apuesta fue una mezcla de cálculos políticos y militares, del propio temperamento de Bush y de lo que resultó ser un pronóstico demasiado optimista de cómo pintaría la situación en Irak a principios de octubre.

Para inicios de este mes, sin embargo, asesores en la Casa Blanca hablaban de la decisión de la misma manera en que ingenieros del Valle de Silicio hablan de un producto tecnológico que no tuvo el desempeño esperado.

“Ha sido una semana realmente mala”, admitió un funcionario de alto rango de la Casa Blanca el 8 de octubre, después de tres días sucesivos de malas noticias

COMPROMETEDORAS DECLARACIONES

Empezó con una confesión del secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld, quien manifestó que la evidencia de que Saddam Hussein tuviera vínculos profundos con Al Qaeda nunca lo convenció.

Ese día, el ex administrador en jefe de la autoridad de la coalición, L. Paul Bremer III, quien pensó que sus palabras no serían reportadas, insistió que desde hace mucho tiempo había considerado que EE.UU. necesitaba más tropas en los primeros días de la ocupación para impedir el caos. Furiosos, funcionarios de la Casa Blanca lo denunciaron en conversaciones privadas con reporteros. Y en cuestión de días, Bremer se distanció de su declaración.

Pero para cuando apareció la explicación de Bremer, Bush lidiaba con un reporte de 918 páginas del jefe de los inspectores de armas de la CIA, Charles A. Duelfer. Su conclusión: que Saddam Hussein no tenía arsenales de armas de destrucción masiva y que su capacidad para producirlas, o para librar una guerra, se había debilitado considerablemente desde 1991.

En junio, justo antes de nombrar renuentemente una comisión para investigar qué no había funcionado con la inteligencia sobre el armamento de Hussein, Bush optó por no emitir una disculpa propia. “Hablamos de ello, pero nadie pudo encontrar las palabras justas”, comentó un asesor de alto rango. “¿Cómo haces eso, sin parecer socavar las tropas que están allá todos los días? ¿Dices, ‘de haber sabido que no tenía arsenales, no habríamos invadido?’ No lo creo y además no es algo que el presidente cree”.

Lo más cerca que llegó Bush a admitir haberse equivocado fue cuando usó el término “error de cálculo” en una entrevista con The New York Times a fines de agosto.

El número de víctimas estadounidenses ha aumentado cada mes desde principios del verano, un hecho que abrió nuevas interrogantes sobre qué tan preparado estaba Bush para las realidades de Irak. Ahora, la elección del 2004 podría depender de cuántos estadounidenses están de acuerdo con la percepción de Bush de la historia de los últimos dos años.

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