Zacarías Chamorro
Por los titulares de las noticias de la nota roja de Nicaragua me enteré con indignación y repugnancia de hechos tan bajos como la violación y asesinato de una bebé de tres años en Nandaime, el asesinato a machetazos de una adolescente por un padrastro celoso en Chinandega, y más violaciones de menores de edad y más asesinatos.
Pareciera que mientras el país se sumerge en el caos político en que florecen (como el moho necesita de la humedad) los dos caudillos, la población con menos educación cae en una espiral de desmoralización y corrupción moral de la cual no parece tener escapatoria.
Lejos de llegar a insensibilizarse, el pueblo de Nicaragua necesita demostrar su enojo e indignación ante tanto padre o padrastro violador y ante tanto machetero. Es aquí en donde veo un inmenso vacío de liderazgo espiritual en Nicaragua.
La Conferencia Episcopal y el cardenal Obando y Bravo están ausentes de sus labores. Mientras el país se resbala peligrosamente a Sodoma y Gomorra (hasta un líder del antivalor tiene el país en el boxeador Mayorga), los obispos católicos brillan por su ausencia y han dejado a la deriva a su grey.
A nuestros obispos no se les oye escribir ni predicar contra tanta alevosía diaria en contra de las niñas y mujeres nicaragüenses. ¿Por qué no predican y se preocupan más por pastorear este rebaño de ovejas perdidas? ¿O es que esta jerarquía católica está tan especializada en hacer política que la prédica y la dirección moral del país ha sido delegada a otra gente? Después se asustan de ver cómo las otras sectas le siguen sacando adeptos al catolicismo. ¿Es que ya no tenemos pastor?
Espero que el Nuncio Apostólico tome nota e informe a Roma de que Nicaragua va al garete y sin capitán a bordo, rumbo a la degradación moral.