La cultura y los afrodisíacos

Toda la vida los humanos hemos visto en la sexualidad una dualidad entre lo deseado y lo prohibido. Nuestros antepasados indígenas asociaban las frutas que tuvieran formas virilizadas o de vulva como algo que era afrodisíaco, porque traspasaban los efectos de su forma en la comida. En otras culturas más orientales se vio en cosas […]

Toda la vida los humanos hemos visto en la sexualidad una dualidad entre lo deseado y lo prohibido. Nuestros antepasados indígenas asociaban las frutas que tuvieran formas virilizadas o de vulva como algo que era afrodisíaco, porque traspasaban los efectos de su forma en la comida.

En otras culturas más orientales se vio en cosas similares —por su olor o por su forma— a la vulva de la mujer, un contenido afrodisíaco; por eso es que todos los frutos del mar, especialmente las que son carnosos y suaves o alastes, se asocian al sexo. Entre otras, tenemos las almejas y conchas.

Recordemos que Venus, la diosa romana del amor, que a su vez se llamaba Afrodita entre los griegos, era nacida de una concha de mar.

La naturaleza es parte de la condición sexual porque se reproduce y garantiza la preservación de la vida. Los animales se juntan para reproducirse en tanto que los humanos, además de reproducirnos, tenemos placer, por ello se puede decir que el fin último de la unión sexual en los humanos es el placer y no necesariamente la reproducción.

Los afrodisíacos son una forma de enriquecer o variar la esencia misma del placer, lo cual vendría a ser lo exclusivo que sucede en el coito. Todo puede ser afrodisíaco dependiendo la intención que se le pone a los actos y en qué condiciones se usan. No es solamente lo que tenga semejaza al órgano reproductor femenino o masculino lo que se va a volver afrodisíaco.

Los humanos nos caracterizamos por poner a nuestros servicios la sensualidad de la naturaleza y por lo tanto asociarlos a la sexualidad.

El significado que cada persona le atribuya a los alimentos va a depender de las creencias o costumbre que se tenga.

VIVIR A PLENITUD LA SEXUALIDAD

Experimentar: No es nada malo que se quiera experimentar con nuevos trucos para aumentar el deseo. La clave es vivirlo con la pareja amada.

Expresar: Comenzar a dialogar entre las parejas los deseos y necesidades sexuales para enfrentar sanamente los problemas.

Descubrir: Abrir el pensamiento y el gusto a las nuevas propuestas, ello significa que usted decide si aceptar o rechazar dicha propuesta.

Conocer: Conocer los gusto culinarios de su pareja le ayudará a prevenir inconvenientes y sinsabores.   

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