Edgard Lezama
Fue notable el entusiasmo y la satisfacción expresada por maestros de las escuelas de Fe y Alegría en uno de los auditorios de la Universidad Centroamericana al exponer con laboriosa ilustración y espíritu didáctico las experiencias llevadas a cabo desde las aulas, sobre temas de propio interés y necesidad de los maestros, encaminadas a mejorar los resultados de su práctica docente.
Entre las temáticas de los trabajos presentados este año están: motivación y enseñanza efectiva en las clases de práctica productiva, valores y sana convivencia entre niños, dificultades en la integración y participación de los niños en el preescolar, lecto-escritura en repitientes con dificultades en el desarrollo del lenguaje, autoestima, rendimiento en las matemáticas, etc.
Me llamó la atención la actitud responsable y autocrítica de los maestros frente a sus propios hallazgos. Reinó la sencillez, la creatividad y la búsqueda sincera de superación profesional con compromiso, por una educación más efectiva y eficaz en las escuelas más allá de donde termina el asfalto.
Con agrado escuché frases significativas dichas por los maestros concursantes al finalizar sus exposiciones, que revelan que este valioso proceso que se impulsa cada año, va por buen camino: “Ahora sé que puedo hacer mejor las cosas”, “Necesito más tiempo para trabajar con mis niños”, “En esta experiencia nos vamos desarrollando todos: maestros, alumnos y padres de familia”, “Aprendí que puedo ser mejor maestra de lo que creí que era”, “Con creatividad y planificación objetiva se obtienen mejores resultados”, «No estaba haciendo las cosas como debía, porque no sabía como hacerlas», “Descubrí que no conocía bien a mis alumnos, que son inteligentes, que todos los niños lo son”.
Este valioso proceso puesto en marcha por el padre Fernando Cardenal y el equipo técnico que lo acompaña es una muestra del espíritu grande que alberga el alma de un verdadero maestro o maestra y de una institución responsable más allá del desastre de la educación en Nicaragua. Fe y Alegría comienza a cosechar sus frutos de 30 años de labor educativa en Nicaragua.