Sardes María Pérez Reyes
¿Cómo debería ser nuestro futuro alcalde? Un hombre consciente de que un funcionario es un servidor del pueblo al que representa; un hombre con una alta calidad humana, de valores y principios tan firmes que no le permitan cegarse por el poder y la ambición ni doblegarse ante intereses personales de nadie. Un hombre intachable, sin antecedentes delictivos o reputación dudosa, que se haya ganado el cargo a puro esfuerzo y dedicación, que se encuentre rodeado de personas igualmente íntegras, que lo apoyen y lo ayuden a mejorar con críticas constructivas; que su amor a la Patria los motive a trabajar por el bienestar y el progreso de su comunidad.
Un hombre realista que se informe de la situación actual de su ciudad o municipio y de los recursos con los que cuenta para que sobre esa base realice su plan de acción y no prometa una utopía que sólo desalienta y defrauda cada vez más al electorado. Un hombre con la educación, la preparación y el potencial para hacer viables sus proyectos. Un hombre con criterio suficiente para obedecer tan sólo a la Constitución, las leyes y los intereses de nuestra Nicaragua.
Por ello creo que debemos dejar de pensar en qué beneficios obtener de un partido político u otro, o guiarnos por la politiquería que ejercen algunos dirigentes partidarios. Debemos ejercer el derecho al voto, que además es un deber ciudadano, no pensar en el abstencionismo, pues el no votar favorece siempre a un partido político más que a otro, así que al fin de cuentas somos responsables de la elección final.
Bastaría con que el futuro alcalde tuviera una sola de las cualidades antes dichas, para ser un digno representante de la nación. Sólo tendría que ser un verdadero funcionario público.
Abogada y Notario Público