El maltrato a las mujeres y a la niñez en Nicaragua debería verse como un asunto de salud pública, según los organismos que trabajan de cerca con este problema. La violencia en el hogar y los delitos sexuales se duplicaron este año respecto al 2003.

Callando voces a golpes

Las estadísticas crecen mucho en poco tiempo. Los delitos sexuales y la violencia doméstica se incrementan de manera alarmante y revelan que la tolerancia hacia las ideas de las mujeres se está combatiendo con violencia, en los hogares. Así de simple, así de duro. Para las expertas en género dos cosas pueden estar ocurriendo: hay […]

  • Las estadísticas crecen mucho en poco tiempo. Los delitos sexuales y la violencia doméstica se incrementan de manera alarmante y revelan que la tolerancia hacia las ideas de las mujeres se está combatiendo con violencia, en los hogares. Así de simple, así de duro. Para las expertas en género dos cosas pueden estar ocurriendo: hay más mujeres clamando por sus derechos y más hombres callando esas voces a golpes y amenazas. Todo en medio de la infaltable pobreza

José Adán Silva

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De sus 48 años de vida, los últimos 12 los ha pasado abusando de sus dos hijas. Ellas eran niñas cuando él comenzó su mala obra y todo este tiempo la esposa, madre de las criaturas, supo de las violaciones. Pero la mujer guardó silencio ante la seducción de golpes y amenazas. Las niñas abandonaron estudios y amistades para convertirse en seres tristes encerrados siempre en casa.

El padre preñó a las muchachas en diferentes períodos. La mayor, ahora con 19 años, tuvo un hijo que hoy tiene 6 años y luce muy enfermo por desnutrición. La niña menor, ahora de 16 años, comenzó a ser violada cuando tenía 10. Hace 40 días dio a luz un hijo del hombre que la engendró.

Fue precisamente su condición de recién alumbrada, el detonante que reveló esta semana ante los ojos de las autoridades policiales, el crimen que celosamente se guardaba en aquella casa de Nueva Vida, el paupérrimo asentamiento que el huracán “Mitch” arrancó de las costas del lago de Managua y arrastró a Ciudad Sandino, en 1998.

HERIDAS ABIERTAS

La niña de 16 años parió por cesárea. La tuvieron que partir para sacar al bebé y luego le cosieron la herida con hilos de sutura. Hace una semana su padre la quiso volver a violar y ella lloró por el dolor de sus heridas que, ante el empuje del hombre, se abrieron. Tuvo que ser llevada de noche al hospital de Ciudad Sandino y fue cuando la adolescente destapó sus penas ante el personal médico.

La madre, quien al inicio intentó callar a la joven, tuvo que reconocer por fin el infierno de hogar que compartía ante un hombre que la golpeada y violaba a sus hijas “¡Ya no soportamos a ese maldito hombre!”.

El padre se enfureció tanto por la revelación que atacó a golpes a la esposa y a su hija adolescente, quienes decididas a sacudirse el martirio, lo denunciaron ante la Comisaría de la Mujer de Ciudad Sandino y ante la fiscal del municipio, Keneth Jirón.

Estas autoridades detuvieron al hombre por lesiones y amenazas y lo acusaron ante un juzgado local de Managua. Permanece detenido mientras las autoridades recaban las pruebas científicas y exámenes sicológicos del Instituto de Medicina Legal, para acusarlo por la violación de ambas niñas.

El caso también fue denunciado esta semana ante la Procuraduría de la Mujer. La Fiscalía espera las pruebas médicas para acusarlo por violación, pero temen que el caso fracase por dos motivos: la joven de 19 años no quiere someterse a los exámenes médicos y la esposa, arrepentida, está pidiendo la libertad del detenido por problemas económicos.

AUMENTAN DELITOS

El caso es apenas un ejemplo de un fenómeno silencioso que se duplicó de un año a otro en Nicaragua: la violencia intrafamiliar y los delitos sexuales. Este tipo de violencia creció cien por ciento más en el primer semestre del 2004, en comparación al primer semestre del año pasado, según el último reporte de la Federación Coordinadora de Organismos No Gubernamentales que trabajan con la Niñez y la Adolescencia (Codeni).

De acuerdo con este organismo, los delitos sexuales y las denuncias de violencia familiar pasaron de 4,174 en el primer semestre del 2003, a 8,376 casos en el primer semestre del 2004, según los datos recogidos en la Comisaría de la Mujer de la Policía Nacional. Los delitos más comunes son violaciones, estupros, raptos, acosos sexuales, tentativas de violación, lesiones, amenazas y otros.

¿Pero qué pasó en ese período para que las denuncias se incrementaran? Para la trabajadora social Martha Palacios, catedrática del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana, el fenómeno se puede explicar por el cruce de dos situaciones, una negativa y otra positiva.

DONDE MÁS DUELE

A juicio de Palacios, lo positivo del asunto es que los mensajes de las organizaciones feministas que promueven la igualdad de género, han calado hondo en la conciencia de las mujeres nicaragüenses y éstas han empezado a denunciar con más frecuencia los abusos de sus parejas o familiares.

Lo negativo es que esta jornada de valor femenino ha provocado la ira de la contraparte, quien amenazado con perder la hegemonía del poder familiar, ante el reclamo de las mujeres, responde violentamente. He ahí, en forma de hipótesis, la diferencia entre las estadísticas de mujeres lesionadas entre el año pasado y el actual.

No obstante, el incremento de los delitos sexuales y abusos también se ha incrementado para la niñez. ¿Qué tienen que ver los niños en los pleitos de pareja? Para Palacios esta situación se deriva de la excesiva violencia del hogar: “Cuando se dan cuenta que la mujer tolera la violencia y la acepta con resignación, muchos hombres recurren a cometer los mismos actos de violencia contra la niñez, para vengarse de la mujer y darles donde mas duele o como un gesto de dominio total sobre la familia”.

Ella pone de ejemplo el caso más dramático conocido este año: la violación y asesinato de Cristina Solano, una niña de tres años, que en septiembre pasado fue víctima de Everth José Víctor, un hombre de 29 años, quien despechado ante el rechazo amoroso de la madre de la niña, cometió el crimen.

LA PUNTA DEL ICEBERG

La catedrática de la Universidad Politécnica y directora del Instituto de Estudios de Género, Brenda Consuelo Ruiz, coincide plenamente con la hipótesis de Palacios, pero plantea que no hay que olvidar que la violencia doméstica es apenas un efecto de la crisis social que impera en Nicaragua y de la milenaria formación cultural que desde el inicio de los tiempos ha clamado por una superioridad masculina en todos los aspectos de la vida.

Y especifica Ruiz que cuando se refiere a crisis social no habla sólo de delincuencia, sino a las condiciones de pobreza, a la falta de oportunidades de superación, al histórico olvido gubernamental de los sectores sociales más pobres y a la baja autoestima de las familias nicaragüenses que viven en estado de miseria económica.

“Toda esa violencia familiar no se genera sola. Viene de las duras condiciones de vida que se manifiestan con más fuerza en las familias desamparadas, con menos educación”, dice Ruiz, quien asegura que la base del cambio de este comportamiento violento, por muy lejano que parezca, está en la educación.

Para cerrar su análisis, Ruiz advierte algo más aterrador: “Estamos creando desde hace años demasiadas generaciones de pobres sin esperanzas y eso es peligroso. El incremento de la violencia sexual y doméstica es el inicio de una ola de violencia que apenas asoma en forma de pandillas juveniles y que, de no frenarse a tiempo, tendrá consecuencias insospechadas”.

DELITOS OCULTOS

El incremento de delitos sexuales y violencia intrafamiliar, que superó un cien por ciento de un semestre a otro, podría reflejar apenas el 10 por ciento del problema real.

Así lo considera la directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Politécnica, Brenda Consuelo Ruiz, quien señala que en estudios internacionales se ha calculado que de 10 mujeres que sufren violencia o abusos, apenas una lo denuncia.

Para ella en Nicaragua la relación es una denuncia por cada 20 mujeres abusadas.

“FEMINICIDIOS” Y NUEVAS FORMAS DE VIOLENCIA

No sólo con golpes, abusos y amenazas sicológicas se arremete contra una mujer, un niño o una niña. La Procuraduría de la Mujer en coordinación con las Comisarías de la Mujer de la Policía Nacional han encontrado un par de nuevas categorías en la violencia: feminicidio y violencia patrimonial.

El primero es el más común y sencillo de explicar: el hombre mata a la mujer cuando ésta trata de interponer un criterio diferente al de él. Patricia Obregón, Procuradora de la Mujer, señala que este tipo de violencia también se ha incrementado: “El año pasado tuvimos 96 feminicidios, y a la mitad de éste ya llevábamos 72”.

Para Obregón, el factor principal que está motivando más violencia contra las mujeres es, aparte de la pobreza y sus efectos, el ejercicio de poder construido en base a normas socioculturales heredadas de familia en familia.

“La violencia es multicausal, pero está estrechamente relacionada con el ejercicio del poder. En un contexto de instituciones débiles, sistema judicial corrupto, referentes sociales e ídolos negativos, pues el principal modo de preservar el poder (económico, familiar, social, sexual, etc.) es mediante la fuerza”, opina Obregón, quien se queja de la falta de sensibilidad del Gobierno para tratar el tema.

“Da la impresión que el Gobierno considera el problema como algo privado, cuando es asunto de salud pública. Del Gobierno sólo escucho que no tiene dinero para reforzar la seguridad policial o incrementar la salud y educación, pero sí para pagarle a los banqueros”, se queja.

El otro nuevo modo de violencia detectado por Obregón es la llamada “violencia patrimonial”. Ésta consiste en actos vandálicos del hombre contra el patrimonio familiar.

“Cuando hay pleitos de parejas el hombre destruye los bienes, corre a la mujer, vende la propiedad, y cuando no puede hacer nada, pues hasta recurre al fuego para vengarse y demostrar su poder”.

MÁS ALLÁ DEL HOGAR

La violencia doméstica y los delitos sexuales no sólo provocan daño a las víctimas y sus familias. El Ministro de Salud, José Antonio Alvarado, asegura que sólo en el 2003, cerca de 250 millones de córdobas fueron para atender a personas víctimas de este tipo de violencia.

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