La necesaria renuncia de don Miguel Ángel

Alberto L. Alemán Aguirre Roman, Times, serif»>GOLPES EN LA MESA La necesaria renuncia de don Miguel Ángel Alberto L. Alemán Aguirre El inicio del ex presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez, como flamante Secretario General de la OEA es una verdadera pesadilla. Apenas a dos semanas de su asunción, se le hacen graves acusaciones […]

Alberto L. Alemán Aguirre

Roman, Times, serif»>GOLPES EN LA MESA

La necesaria renuncia de don Miguel Ángel


Alberto L. Alemán Aguirre




El inicio del ex presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez, como flamante Secretario General de la OEA es una verdadera pesadilla.

Apenas a dos semanas de su asunción, se le hacen graves acusaciones de corrupción en un caso de negocios durante su administración de 1998 a 2002.

Así como el Gobierno, la empresa privada y otros sectores de la opinión pública de su país respaldaron su candidatura en la OEA, ahora esos mismos actores le exigen que renuncie y vuelva a su país para responder a los graves señalamientos y que enfrente una posible acción judicial.

“Interpretando un hondo sentimiento nacional, amasado en la indignación y el dolor, nos unimos a los partidos políticos, diputados y la población en general, para exigirle (a Rodríguez) rehacer sus maletas y venir a rendirle cuentas a Costa Rica”, apuntó en un editorial el rotativo local La Nación.

Añade que el pueblo de Costa Rica “es el primero en derecho para exigirle la renuncia a un cargo que obtuvo al amparo del prestigio de Costa Rica en el campo de la democracia y los derechos humanos”.

“El país —apunta— no debe ser representado por quien tanto tiene que aclarar”.

Dado su cargo, el asunto trasciende a toda la región y no solamente concierne a su país de origen.

El presidente del Consejo Permanente del organismo ha expresado que tras escuchar las razones de Rodríguez, los embajadores le dan un voto de confianza para que siga dirigiendo la OEA.

No obstante, Argentina se pronunció claramente a favor de la renuncia, así como Honduras. México dijo que de ser verdad los cargos, deberá renunciar. Nuestro país, aunque respalda al presidente costarricense Abel Pacheco, insiste en que se prueben los señalamientos.

Entre sus objetivos principales, la OEA tiene la lucha contra la corrupción, la transparencia y la honestidad administrativa en las Américas. Muy loable, pero antes que nada, se debe predicar con el ejemplo propio.

Naturalmente, deberá ser un tribunal costarricense el que establezca la culpabilidad o no del ex presidente si se da una acusación judicial, la cual, en palabras de Pacheco, es un asunto de tiempo.

En verdad, hay que admitir que Rodríguez tiene derecho a la presunción de inocencia, como alegó en su propia defensa. Pero desafortunadamente, el flamante secretario general no dice cuándo y cómo responderá a una acusación judicial. Tampoco quedó claro en su ambigua respuesta a un requerimiento de Pacheco, si renunciaría si se le prueban los cargos de corrupción.

Al frente de una organización como la OEA debe estar una persona con intachables méritos de honestidad y es totalmente inadmisible que alguien pueda escudarse en una inmunidad para evadir a la justicia. No debe existir la menor sospecha.

De evolucionar el caso hacia un proceso abierto, Miguel Ángel Rodríguez no podrá efectivamente cumplir con su trabajo y llevar a cabo las reformas internas que al asumir, prometió impulsar.

Su autoridad se verá cuestionada, deberá atender las citatorias y responder a las preguntas del juez —si es que cumple su palabra—, y ni hablar de que semejante estado de cosas perjudica la imagen de la OEA.

Hasta hoy se ha portado esquivo y como se informa desde Washington, ha impuesto un férreo control informativo sobre el asunto, llegando a proveer una dirección de correo de Yahoo, no una de la OEA misma, para preguntas.

Por las grandes responsabilidades del cargo, por la importancia de la lucha contra la corrupción y por la imagen de su propio país y de Centroamérica, Miguel Ángel Rodríguez debería renunciar a la Secretaría General y regresar a su país.

A la vez, el istmo debería procurar retener el puesto que por primera vez ejerce un centroamericano, para un representante suyo.

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