Responsabilidad social de la empresa nicaragüense

José Antonio Poveda Salvatierra* Roman, Times, serif»>Opinión económica Responsabilidad social de la empresa nicaragüense José Antonio Poveda Salvatierra* La responsabilidad social comprende un comportamiento ético dentro y fuera de las corporaciones. Esto significa que las compañías deben participar activamente y atender los intereses y las demandas de los siguientes actores: los propietarios (incluyendo poseedores de […]

José Antonio Poveda Salvatierra*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

Responsabilidad social de la empresa nicaragüense


José Antonio Poveda Salvatierra*




La responsabilidad social comprende un comportamiento ético dentro y fuera de las corporaciones.

Esto significa que las compañías deben participar activamente y atender los intereses y las demandas de los siguientes actores: los propietarios (incluyendo poseedores de acciones) y los inversionistas, los directivos y los administradores, los empleados, los clientes, el medio ambiente natural, la comunidad en general (incluido el Gobierno), los proveedores y los contratistas.

La consideración de estos actores es importante por dos motivos. Primero porque es benéfico para los negocios, ya que ello asegurará una larga vida y ganancias a las empresas. Segundo, porque hay muchas regiones en el mundo donde el sector privado puede colaborar con el Gobierno en los esfuerzos para mejorar los niveles de vida de la población.

En este sentido vale recordar que, de acuerdo con Brundtland, el desarrollo no puede ser sustentable, si no es equitativo o si no cubre las necesidades más esenciales de la mayoría de los habitantes del planeta.

Por otra parte, se reconoce que las corporaciones pueden desempeñar un papel muy importante en la solución de problemas como el desempleo y la pobreza. De hecho en la actualidad el sector privado es el sector principal del crecimiento económico y el desarrollo. Es por este motivo que muchos gobiernos de países en desarrollo se han abierto a la privatización y las reformas fiscales; y destacado la importancia de su participación en el sistema económico mundial.

Sin embargo, para alcanzar un desarrollo equitativo es indispensable que las corporaciones evalúen las oportunidades, para participar activa y genuinamente en actividades que contribuyan a la solución de problemas económicos y sociales, como la falta de educación, la pobreza, el desempleo, la insalubridad.

La función estatal y una mayor dependencia de las fuerzas del mercado, han traído consigo algunos problemas. El capitalismo siempre ha requerido el establecimiento de ciertas reglas del juego para evitar que impere la ley de la selva. Sin embargo, tanto los cambios ideológicos en el decenio de los ochenta como la mundialización de la actividad económica han significado que en años recientes los estados nación estén menos dispuestos (además de tener menores posibilidades) a desempeñar muchas de estas funciones reguladoras.

En este entorno ha crecido el interés en la responsabilidad social de las empresas y en la autorregulación. Manifestación de ello son los códigos de conducta empresarial en las áreas de la normatividad laboral y ambiental, así como de los derechos humanos. En lugar de considerar los efectos sociales y ambientales de las grandes empresas como asunto del que deben ocuparse los gobiernos, hoy se tratan como aspectos de responsabilidad empresarial sobre los cuales las propias compañías o sus socios deben establecer normas.

Se analizan los elementos impulsores de los códigos de conducta empresariales, así como los sectores y grupos interesados que han tomado parte en este proceso. Si bien se han elaborado códigos sobre diversas materias, destacan los relativos a normas de empleo, práctica financiera, Gobierno Estado, confidencialidad y lealtad, Gobierno Corporativo/ juntas directivas y derechos humanos, en particular los primeros. Los códigos ambientales, con una historia más amplia, han causado menos conflicto que los que se ocupan de asuntos laborales.

En la medida que ambos se han elaborado por lo general en forma separada, es posible concentrarse en los que se refieren a derechos laborales, aun cuando también se haga cierta referencia a los códigos ambientales.

Un enfoque simple, limitado a un listado de los aspectos que abordan los códigos, difícilmente permite identificar con claridad hasta qué grado un código da lugar a mejores condiciones de trabajo.

De manera semejante, en algunos casos los códigos pueden apenas exigir el cumplimiento de las normas del país anfitrión —por ejemplo, en términos de salarios mínimos o de contratación de menores de edad—, pero bien podría argumentarse que un código de conducta que se limita a pedir que un proveedor o una filial opere dentro de la ley no es un instrumento muy exigente.

Esto resulta paradójico, ya que el discurso de la responsabilidad empresarial está plagado de referencias a los interesados directos y a la necesidad de tomar en consideración mucho más que sólo rendimientos financieros. En esta área el contraste entre retórica y realidad se vuelve en particular patente. En ausencia de procesos de monitoreo y verificación independientes, resulta difícil evaluar hasta qué grado los códigos de compañías se aplican en la práctica, o si se limita a ser mera expresión de buenas intenciones.

En Nicaragua tenemos la guía de ética empresarial auspiciada por la Cámara Americana de Comercio de Nicaragua, el Consejo Superior de la Empresa Privada y apoyada por la Embajada Americana en Nicaragua.

En la introducción a la Guía de la Ética Empresarial Nicaragüense se expresa lo siguiente: “En resumen, nada de lo expuesto en esta Guía de Ética Empresarial podrá ser una realidad sin hombres de bien y sin los recursos adecuados. No obstante, no dudamos que como producto de la fructífera dinámica de grupo que ha prevalecido en la elaboración de esta guía, resultado de un intercambio amplio entre los empresarios y representantes de la sociedad civil, pasará a marchar con paso firme del pensamiento a la acción, con iniciativas apuntaladas por el sector privado apoyadas por la sociedad civil”.

“Desde el punto de vista filosófico, una Guía de Ética Empresarial es necesaria porque es una herramienta más para la consecución del bien común de la sociedad nicaragüense. Simplemente, la Guía de Ética Empresarial nos permite acercarnos a la armonía de las relaciones de la empresa con el resto de la sociedad. Desde el punto de vista práctico, una Guía de Ética Empresarial nos permitirá tener mejor acceso a los mercados de los países más desarrollados del mundo, ya que ellos enfatizan mucho la importancia de los Códigos de Ética en las Empresas. El acceso a mercados con más capacidad económica debe traducirse en expansión para nuestras empresas y por ende, en mayores ingresos y utilidades” (Guía de Ética Empresarial. Managua Nicaragua, abril 2004).

* Vicedecano. Facultad de Derecho UNAN

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