Don King presenta con mucho placer a Ricardo Mayorga, ayer en Nueva York.

¿Quién será “el muerto”?

Mayorga no bromea, busca como destruir Edgard TijerinoEnviado a Nueva York Sólo uno quedará en pie. Se trata de una pelea de nocáut, vista desde cualquier butaca. De eso estoy claro. La gran intriga es ¿quién será “el muerto”? Aquí estamos, en el desfiladero de la muerte, atrapados nuevamente por la emoción que provoca una […]

  • Mayorga no bromea, busca como destruir

Edgard TijerinoEnviado a Nueva York

Sólo uno quedará en pie.

Se trata de una pelea de nocáut, vista desde cualquier butaca. De eso estoy claro.

La gran intriga es ¿quién será “el muerto”?

Aquí estamos, en el desfiladero de la muerte, atrapados nuevamente por la emoción que provoca una pelea de Ricardo Mayorga, más allá de todo lo discutible y reprobable que es como persona.

No nos interesa su amistad pero sí verlo pelear. Su estilo, carente de pulimento, es espectacular por la furia que ofrece.

“No le tengo miedo a nada, ni a la muerte”, dijo en Témecula, antes de destronar a Vernon Forrest.

Ricardo Mayorga, tiene dentro de sí, la fuerza de un huracán. Habla, se mueve y pelea, como si un viento impetuoso lo empujara. Hay en él, cuando se mete entre las cuerdas, un desborde salvaje, una fiereza incontrolable, una mágica energía.

Y lo más importante, se cree invencible. Uno piensa que con diez hombres como Mayorga, Napoleón hubiera entrado a Moscú.

Se trata de un rompe-huesos natural.

Para sostener esa agresividad agobiante, ataca siempre colocando sobre el tapete, su esencia de “matador”.

No admite cuestionamientos sobre lo abierta de su defensa, y lo propenso que es a recibir golpes, cuando tiene como soporte una resistencia de roca, y su golpeo es paralizante.

Tiene algo de Ketchell, Marciano y Frazier, quienes se apoyaron en su gran capacidad de asimilación, para poder proyectarse brusca y espectacularmente en busca de derribar montañas.

Y Mayorga, contra viento y marea, es fiel a esa propuesta que identifica a los grandes matadores.

Recuerdo a Francisco Coronado en 1977 frente al “Brujo” Ortega… “Ahora me estoy moviendo mejor… Sé utilizar la distancia, caminar sobre el ring y combinar mis manos”, me dijo dos días antes allá en Panamá.

Y dramáticamente, fatalmente, dejó su furia en el Hotel… Sin su esencia, perdió la oportunidad de su vida.

Eso no puede ocurrir con Mayorga. Como Marciano, debe considerar cada round, como el número 12 de una pelea cerrada. De vida o muerte.

Y esta noche sabremos ¿quién es “el muerto”?

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