Latinoamérica, ausente en debate Bush-Kerry

Alberto L. Alemán Aguirre ¿Quién ganó el debate de la noche del jueves en Miami? En este momento, inmediatamente tras su conclusión, es difícil decirlo, pero de seguro que ni George W. Bush ni John Kerry han noqueado al contrincante ni tampoco le han dado una buena paliza. Quizás la noción de un empate aproximado […]

Alberto L. Alemán Aguirre

¿Quién ganó el debate de la noche del jueves en Miami? En este momento, inmediatamente tras su conclusión, es difícil decirlo, pero de seguro que ni George W. Bush ni John Kerry han noqueado al contrincante ni tampoco le han dado una buena paliza. Quizás la noción de un empate aproximado es más justa.

Como era de esperarse, el primer debate presidencial en la campaña estadounidense giró alrededor de Irak, la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo. Estaba dedicado a la política exterior. Hubo un tema ausente que sí nos importaba mucho: la política hacia América Latina. “Nadita de ná”.

El choque entre Kerry y Bush se desarrolló sin sorpresas, con gran altura y mutuos elogios de los contendientes hacia sus rivales y sus familias, lo cual no impidió que destacaran sus diferencias en política exterior. Se evidenció la muy superior cultura política con respecto a, digamos, el nivel deplorable del discurso político de tantos políticos nicaragüenses.

A pesar de que es arriesgado afirmar que Kerry haya ganado la discusión, antes de conocer las encuestas, sí fue el más agresivo y duro, con Bush dando a veces la ligera impresión de estar a la defensiva. Era lo que tenía que hacer Kerry: va con una desventaja de hasta 9 puntos en intenciones de votos detrás del Presidente —en algunos sondeos— y grandes masas de indecisos aún no se han formado una opinión sobre si se le debe encargar el trabajo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas en estos tiempos de amenaza terrorista.

A pesar del creciente número de bajas en Irak, la poco satisfactoria marcha de la economía y otros aspectos desfavorables, Bush gana la confianza de una mayoría en cuanto a dirigir la guerra antiterrorista y la seguridad nacional.

Esto ha sido producto, según la prensa norteamericana, de una efectiva y feroz campaña de ataques contra la figura de Kerry, cuestionando su servicio en Vietnam, su récord polémico de votaciones en el Senado y pintándolo como un hombre indeciso.

Los rivales no dijeron nada de América Latina. Esto sugiere varias cosas.

Uno, que a pesar de las lindas declaraciones de ambos sobre los hispanos, las minorías o el deseo de mejorar la relación con la región, ésta no está entre las prioridades de un Washington republicano o demócrata.

También, esto resulta de las encuestas entre los latinos. No les interesan los problemas de seguridad nacional —el punto neurálgico de la discusión de ayer— ni las políticas hacia sus países de origen.

¿Se están derritiendo millones de hispanos en el gran melting pot que es Estados Unidos? Quizás, aunque el brillante y polémico académico de Harvad, Samuel P. Huntington, estaría en total desacuerdo.

En un estudio muy reciente, el grupo de interés hispano más grande, el Consejo Nacional de la Raza, dice que los temas que de verdad importan a los inmigrantes latinos son la educación, la salud y el empleo. Es un comportamiento similar al de una gran parte del electorado WASP, o sea: blanco, anglosajón y protestante.

Por otra parte, hay carencia de un liderazgo latino a nivel nacional. Hay demasiados grupos nacionales y excepto los cubanos de Florida, poseen muy limitada capacidad de influir en la política exterior washingtoniana.

Por lo tanto, habrá que esperar los próximos debates del 8 y 13 de octubre para que los candidatos hablen de cosas que interesen a los latinos, y para, quizás, oírlos hablar del Cafta.

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