Walker

Desde 1823 hasta 1856 Nicaragua padeció guerras civiles entre las dos fuerzas políticas tradicionales, libradas para controlar el poder y organizarlo aplicando sus respectivos modelos. Las fuerzas democráticas contrataron al filibustero William Walker en su carácter de mercenario. Posteriormente las fuerzas legitimistas pactaron con el filibustero, quien impuso el 23 de octubre de 1856 como […]

Desde 1823 hasta 1856 Nicaragua padeció guerras civiles entre las dos fuerzas políticas tradicionales, libradas para controlar el poder y organizarlo aplicando sus respectivos modelos.

Las fuerzas democráticas contrataron al filibustero William Walker en su carácter de mercenario. Posteriormente las fuerzas legitimistas pactaron con el filibustero, quien impuso el 23 de octubre de 1856 como Presidente de Nicaragua a Patricio Rivas. Ninguna de las dos fuerzas políticas nicaragüenses conocía los antecedentes de William Walker en Baja California y Sonora, declarándose en ambos casos la autoridad máxima en esos Estados de México, y en el último como Presidente, y por lo mismo, ni el bando democrático ni el legitimista tenían conciencia de la gravedad de esta contratación y asociación con el filibustero.

El 26 de junio de 1856, Patricio Rivas denuncia las pretensiones de Walker, y con el respaldo de ambos partidos tradicionales solicita apoyo de los gobiernos de Centroamérica, que lo conceden inmediatamente porque se sienten amenazados por Walker. En respuesta William Walker realiza un remedo de elecciones, en contra de la norma constitucional que exigía que fueran indirectas, limitándolas además a los actuales departamentos de Granada, Rivas y Masaya, tomando posesión el 12 de julio de 1856.

A partir de ese momento coexisten el gobierno de William Walker y el de Patricio Rivas. El primero emitiendo leyes y firmando compromisos internacionales, aunque sin reconocimiento internacional. Y el segundo reconocido de facto como Presidente legítimo de Nicaragua por los partidos nicaragüenses y de jure por los otros gobiernos centroamericanos. Por decreto de Patricio Rivas del 26 de junio de 1856, antes que Walker se autoeligiera Presidente de Nicaragua, por su decisión “de arrebatar el poder público por medio de la fuerza (…)” se declaró “al expresado Guillermo Walker, enemigo de Nicaragua con la nota de traidor”, quedando “destituido del empleo con que lo había honrado la República”, decreto reconocido por los partidos políticos nicaragüenses y por los otros cuatro gobiernos centroamericanos.

Aunque hasta hoy está en entredicho el reconocimiento del gobierno de Estados Unidos a William Walker, el Departamento de Estado desautorizó y cesó en sus funciones al Ministro norteamericano en Nicaragua, John H. Wheeler, por haberlo reconocido. Walker pretendió ejercer su poder en medio de una guerra de liberación declarada por el gobierno de Patricio Rivas con el apoyo de los gobiernos centroamericanos, y su poder duró hasta que fue derrotado por el ejército nicaragüense-centroamericano el 1º de mayo de 1857.

Consecuentemente, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua declara espuria la Presidencia de William Walker, tanto en términos político-jurídicos, por las razones expuestas por Patricio Rivas en el decreto mencionado, como en términos jurídico-doctrinarios porque no ejerció el poder en todo el territorio nacional ni por un período de tiempo prolongado que son las dos condiciones mínimas para el reconocimiento de un gobierno nacional: una Presidencia usurpada jamás puede ser legítima, máxime cuando se trata de un usurpador extranjero en medio de una guerra generalizada entre las fuerzas políticas nacionales erigidas en gobierno legítimo y las ilegítimas del filibustero.

Demandamos a las máximas autoridades nacionales en el ámbito educativo y a los historiadores nicaragüenses que contextualicen este hecho histórico en los términos anteriormente expuestos, evitando expresiones que confundan a los educandos y a la población en general, o den la imagen no deseada de exaltar al gobierno espurio de William Walker.

Doctor Emilio Álvarez Montalván, doctor Jaime Incer Barquero, licenciado Aldo Díaz Lacayo, MSc. Ligia Madrigal Mendieta, Dra. Mercedes Mauleón Isla, ingeniero Eddy Külh Aráuz y doctor Jorge Eduardo Arellano

(Presidente Honorario, Presidente, Vicepresidente, Tesorera, Primer Vocal, Segundo Vocal y Secretario Ejecutivo, respectivamente, de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua).

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