“Queremos tropicalizar las normativas de autocontrol”

Aunque buscan el control interno y la capitalización, las cooperativas de ahorro y crédito no están descuidando sus principios de colectividad y bienestar social. Desarrollar un proceso de transparencia en el uso del dinero es un asunto del cual no se puede escapar el sector, indica Cassius Spalding María Antonia López M. Sus años de […]

  • Aunque buscan el control interno y la capitalización, las cooperativas de ahorro y crédito no están descuidando sus principios de colectividad y bienestar social. Desarrollar un proceso de transparencia en el uso del dinero es un asunto del cual no se puede escapar el sector, indica Cassius Spalding

María Antonia López M.

Sus años de experiencia en el mundo cooperativo le han conducido a mantener una constante para que este sector financiero desarrolle sus capacidades.

Esta forma de ver el acontecer cooperativo es parte del trabajo que Cassius Spalding desarrolla desde la Confederación Latinoamericana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Colac), entidad que también ostenta un grado consultivo ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Se encarga del diseño, desarrollo y puesta en marcha de servicios de intermediación financiera, asistencia técnica y capacitación para lo cual fue creada la Federación Educativa de Colac (Fecolac)”, explicó.

Precisamente ese quehacer le ha facilitado visitar Nicaragua varias veces. “Me encanta estar por acá”, indicó con una sonrisa discreta.

En los últimos meses contó que ha venido en cuatro ocasiones. La intención de tanta visita a Nicaragua es dar seguimiento al proyecto piloto que las cooperativas están desarrollando para lograr mayor control en sus operaciones más aplicadas a su realidad.

Spalding es de la opinión que los países de América Latina muchas veces adoptan modelos extranjeros para operar o accionar diversas actividades económicas.

Es por eso que a través de las experiencias acumuladas de las cooperativas de ahorro y crédito se han dado a la tarea de “tropicalizar” los controles.

Esto no es más que adaptarse a las características propias de cada país, y para eso Colac ya tiene un documento base con cuatro casos exitosos en América Latina, donde se reflejan las mejores prácticas para iniciar un proceso de autocontrol.

En Nicaragua el hecho de cooperarse ha dejado malos sabores. Muchas fueron mal administradas, por eso le consultamos:

¿Es realmente necesario que las cooperativas estén reguladas? ¿Cuánto beneficio pueden lograr?

Estar reguladas a nivel empresarial les beneficia mucho por la gestión, eficiencia y productividad, ya que es la tendencia de ajustarse hacia nuevos parámetros internacionales que se están dando para ver cuáles son aplicables.

Pero aparte de captar recursos de sus asociados y colocarlos en otros que presentan necesidades de créditos se asume un riesgo para la cooperativa como entidad y para el asociado que ha logrado tener dinero.

Por eso queremos que las cooperativas entren en un proceso de adecuación para que mejore sustancialmente su administración, eficiencia y productividad. Por el lado del asociado queremos que tenga confianza, credibilidad y siga trabajando de la mano con su cooperativa, donde es dueño y cliente.

De tal manera que sea cual sea el modelo de supervisión, lo importante es que entren al proceso y que seleccionen el que tenga características más acordes al país.

Por ejemplo, en Panamá existe una Superintendencia de Bancos que se encarga de supervisar a ese sector financiero. Sin embargo, las cooperativas que son muy grandes, casi a la par de un pequeño banco, trabajan con el dinero de sus socios y por eso tienen que ser resguardados. Aunque se han dado algunas experiencias negativas se han buscado los mecanismos adecuados de control para encarrilarse y depurar el sector. Aunque muchos procesos de regulación son traumáticos y es allí donde surgen las fusiones, absorciones, liquidaciones y quedan las que han adoptado métodos empresariales o más competitivas.

En América Latina e inclusive en Estados Unidos existen cooperativas exitosas. Pero en este mundo de cambios económicos constantes ¿vale la pena que la gente se siga organizando en cooperativas?

Claro, recuerdo que en mis años de estudiante se hablaba de que el sistema cooperativo era alternativo al capitalismo incipiente. Eso es parte de la historia con mucho contenido ideológico y doctrinario. Considero que es una alternativa con modelos exitosos. En economías de mercado han funcionado muy bien pero con la debida normativa, como en Alemania, España y América Latina, donde son muy fuertes y siguen dando el matiz de solidaridad y ayuda mutua a sus asociados.

Pues ése es su distintivo, pues siempre se deben preservar los principios y valores cooperativos para desarrollar una actividad para el bienestar social. Si las cooperativas no existiesen muchos microempresarios no hubieran podido desarrollarse, pues muchas veces no tienen acceso a los bancos, o bien les exigen tener un depósito de 500 dólares inmovilizados, sin mencionar los requisitos para abrir una cuenta de ahorro.

¿La mayor fortaleza de una cooperativa ahora es su control interno?

Es una parte, porque el control interno es una norma prudencial. La que Colac está promoviendo no va más allá de seis normativas fundamentales que permite estar acorde a las tendencias, a los niveles de competitividad y brindar a la gente confianza y fortaleza sobre los servicios que ofrece.

Estas normas son el sistema de contabilidad y finanzas a través de una estandarización de cuentas. Otro aspecto es la calificación y clasificación de la cartera de crédito, esto incluye evidenciar y hacer un análisis profundo de la morosidad y el tratamiento que se haga al respecto, para que se revisen las provisiones de cartera.

De igual forma hay que hacer una clasificación de inversiones, una normativa para lo que es la suficiencia patrimonial y capital mínimo requerido.

Hay que hacer normativas en cuanto a riesgos financieros. Porque si nos vamos a las normas de Basilea esto está muy ligado a los cálculos de la suficiencia patrimonial, pero no sólo se debe cumplir con un criterio internacional, pues si bien es cierto las cooperativas deberían calcular la suficiencia patrimonial en función de los riesgos inherentes, de crédito y operativos.

Si se ve un aspecto de gestión se cumple con el manejo integral de la gestión y manejo del riesgo, además de entrar al buen gobierno corporativo.

Particularmente en Nicaragua se formaron una serie de cooperativas agropecuarias, muchas de ellas se desarticularon por malos manejos administrativos, entonces, todos quedaron mal vistos, la institución cooperativa quedó mal parada.

¿Cómo se pude lograr que en Nicaragua recuperen su confiabilidad?

Hay indicadores muy puntuales donde uno puede evidenciar que hay sectores que están mejorando. En el caso de Nicaragua, deben surgir nuevos líderes que tomen la batuta del tema. Lo que se ha hecho es muy bueno, como sucede con la Central Nacional de Cooperativas, la Caja Rural Nacional, que han desarrollado una actividad muy fuerte y el crecimiento a través de cuentas muy puntuales. Creo que el sector ha tomado más auge en Nicaragua, pues están llegando donde un banco no está presente.

En la medida que se sigan haciendo esas actividades con el diseño de proyectos que satisfagan necesidades de la población se va a recuperar la confianza en el sector y si a eso sumamos un control, supervisión de parte del Estado, los asociados potenciales van a tomar más confianza aunque es un proceso que toma su tiempo y debe ser gradual.

¿Las cooperativas de ahorro y crédito deberían vincularse a otro tipo de actividades?

Existen experiencias donde hay cooperativas que hacen actividades muy puntuales como salineras, de transporte, de viviendas, agropecuarias, de mercadeo, y de producción hasta donde conozco.

Existen cooperativas de servicios múltiples que se constituyen con una actividad muy puntual, y dependiendo de las necesidades del colectivo van creando otras actividades, pero ya se le tiene que dar un tratamiento de excepciones.

Lo más típico es una cooperativa de servicios múltiples que esté vinculada al sector agropecuario, pero producto de la necesidad de la consecución de crédito y no acceso al banco, se crea la satisfacción creando una sección de ahorro y crédito que la ley se lo permite.

Ahora bien, en países donde no existe un régimen general, las cooperativas se deben especializar en un solo rubro, pero en Panamá o Nicaragua se permiten cooperativas que se vinculan a otras actividades.

La Confederación Latinoamericana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Colac), ha optado por realizar un estudio piloto con tres países: Panamá, Nicaragua y Bolivia, con respaldo del Centro Cooperativo Sueco, cuyo objetivo es reforzar el papel que estas organizaciones tienen que desarrollar dentro de un marco legal para prestar ese servicio especializado.

La contraparte de Nicaragua es la Central Nacional de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Cenacoop), que de común acuerdo y con un oficial por país desarrollan las actividades participativas.

Cassius Spalding sostiene que algunas cooperativas están bajo un proceso de supervisión y regulación del Estado, pero en otros países, o no han entrado o están bajo una modalidad mixta de control.

“Para entrar bajo la tutela de una Superintendencia de Bancos se requiere de que cumplan algunos procesos y muchas no los tienen, porque van en dependencia del volumen de activos, de operaciones, si captan o no de terceros o sus asociados, aunque eso no significa que no hagan intermediación”, detalló.

La participación de Nicaragua en el proyecto está ligada a la falta de un proceso de supervisión y en condiciones similares se encuentran Panamá y Bolivia.

Para lograr las metas ya se ha desarrollado un diagnóstico, a fin de que se pueda demostrar que estas organizaciones tienen un proceso avanzado en las normativas prudenciales y que se enmarcan dentro del autocontrol.

EXPERIENCIA PANAMEÑA

Cassius Spalding nació en Panamá, donde estudió una licenciatura en Economía.

Luego hizo un postgrado en Ingeniería Económica y una maestría en Ciencias Tecnológicas.

Labora en Cocal desde hace tres años, ocupando en este período el cargo de director de servicios técnicos, aunque el puesto titular es de Oficial en Investigación y Desarrollo.

Su experiencia acumulada en el tema alcanza los diez años.

Los primeros trabajos los realizó en la Federación de Ahorro y Crédito de Panamá.

Así también laboró como gerente de sucursal de una de las cooperativas más grandes de Panamá.

Ha realizado varias pasantías, cursos, seminarios y participa directamente con los procesos de las cooperativas.

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