Esta placa del carro presidencial del general Anastasio Somoza, de los años 70, fue encontrada en Tiscapa.

Tiscapa devuelve trozos de historia de la capital

Wilder Pérez R. La Loma de Tiscapa es un testigo poco usual de la historia, pues no necesita hablar para demostrar las etapas que le ha tocado vivir a la capital desde tiempos precolombinos. Basta con saber buscar entre sus rincones, para encontrar pruebas concretas de lo que ha vivido Managua en tiempos pasados. El […]

Wilder Pérez R.

La Loma de Tiscapa es un testigo poco usual de la historia, pues no necesita hablar para demostrar las etapas que le ha tocado vivir a la capital desde tiempos precolombinos. Basta con saber buscar entre sus rincones, para encontrar pruebas concretas de lo que ha vivido Managua en tiempos pasados.

El guardaparques Adrián López pudo haber ignorado por muchos días más dónde se ubicaba la Casa Presidencial, antes de pasar a la actual Vicepresidencia y luego a las costas del Lago Xolotlán, de no ser porque hace dos meses se lo hizo saber el propio cráter de la Laguna de Tiscapa.

“Un día se le cayó el radio- comunicador portátil a uno de los técnicos del canopy, nos pusieron a que lo buscáramos, y encontré una placa diferente entre las piedras; la guardé, pero no sabía qué era, hasta que un día mi papá llegó diciéndome que la había visto en un carro por la televisión”, dijo López.

El video era de la década de los setenta, la placa tenía el número uno a lo alto de su flanco izquierdo, en la parte superior se observaba el Escudo de Nicaragua con ribetes decorativos, al centro iba la escritura “Presidente de Nicaragua” en mayúsculas, y cinco estrellas ocupaban la parte inferior.

El pedazo de metal en ese momento, hasta el día en que se perdió por la algarabía de la Revolución, colgaba del carro del último miembro de la dinastía: Anastasio Somoza Debayle.

“Yo no sabía nada… ahora no se la doy a nadie”, admitió López, quien una vez recibió una oferta de 100 córdobas por la placa, pero no la vende porque le han dicho que “no es cualquier valor el que tiene”.

López, y su compañero de trabajo Donald Eugarrios, aseguran que éste es apenas uno de muchos objetos que se han encontrado desde que en el año 2001 la Alcaldía de Managua inició el proceso de rescate de Tiscapa.

“Los del canopy se encontraron una placa de la Guardia Nacional, se la vendieron a su jefe en 300 pesos, ellos fueron los que me ofrecieron 100 pesos, pero no quise”, resaltó López.

Eugarrios asegura haber visto cómo otra gente encontró una vasija precolombina. “Es que si uno busca, encuentra; no es tan difícil hallar”, comentó.

Efectivamente, meses atrás un grupo de personas que recorrían el sendero que rodea la laguna se topó con una granada explosiva y sin el seguro puesto. El viernes pasado, Pablo Aguilar, un trabajador de la Alcaldía, no rascó mucho la tierra para descubrir los esqueletos de dos humanos.

Incluso bajo al agua, sobran las personas que están dispuestas a ver los restos del anfiteatro hundido en 1985, o el petroglifo de la serpiente emplumada de la leyenda indígena.

Recientemente se inauguró la Loma de Tiscapa como parque histórico, pero el cráter mismo de la laguna parece reclamar un título parecido. “Se encuentran muchas cosas”, advirtió Eugarrios.

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