- Chavalos caza garrobos lo descubrieron en un cauce, con los brazos atados hacia atrás
- El lugar lo frecuentan pandillas que operan en el barrio San Judas
Luis Alemán Saballos
El cadáver de un hombre en completo estado de descomposición fue encontrado cerca de las 11:00 de la mañana de ayer domingo, en el sector conocido como Lomas de San Judas, costado sur del asentamiento El Pinolero, sobre la Pista Suburbana.
El cuerpo del infortunado se encontraba en el fondo de un cauce natural que corre paralelo a una callejuela que conduce a la calle principal del barrio Tierra Prometida.
Extraoficialmente se concoció ayer por la tarde que se trata de un taxista que fue secuestrado el miércoles en la ciudad de León, reconocido supuestamente por su hermana Lesbia Prado Castellón, quien dijo se trata de Mario José Prado Castellón, de 33 años, quien vivía de la Texaco Guadalupe media cuadra hacia abajo, de esa ciudad.
Además señaló que el taxi que conducía el fallecido es el mismo que el jueves 23 de septiembre se estrelló contra un carretón halado por un caballo mientras huía de la Policía, en Las Jagüitas, de Managua.
En este caso la Policía detuvo a Alberto Cuarezma Chávez, de 24 años, quien viajaba en el vehículo, mientras que el conductor se encuentra prófugo.
DESCUBIERTO POR NIÑOS
El cuerpo fue encontrado por un grupo de niños que salió a cazar lagartijas. Los pequeños bajaron al cauce y lo recorrieron en busca de los reptiles, pero de pronto les llamó la atención un hedor insoportable y creyeron que se trataba de un animal muerto, pero cuando avanzaron pudieron divisar algo que estaba sobre el lecho del cauce.
Al acercarse notaron que se trataba del cuerpo de un hombre en estado de descomposición, según afirmó Luis Antonio García Guerrero, de 11 años.
El pequeño dijo que al ver el cuerpo salieron del cauce y avisaron a otras personas, quienes a su vez llamaron a la Policía, cuyas patrullas se presentaron a los pocos minutos.
“Estaba podrido y con gusanos en todo el cuerpo”, describió el niño, que muy asustado contaba sobre el hallazgo a los agentes policiales.
ATADO Y AMORDAZADO
El cadáver fue encontrado boca abajo y con los brazos atados hacia atrás. La boca y los ojos estaban cubiertos con pedazos de tela y sobre la cabeza tenía dos trozos de concreto, los que supuestamente usaron para golpear el cráneo y matarlo.
Vestía pantalón azulón, camisa clara, aparentemente con rayas negras, y zapatos deportivos.
En el lugar no fue encontrado ningún objeto que sirviera para lograr su identificación, confirmó el inspector César Gámez, asignado a las investigaciones del caso y quien presume podría tratarse de una persona entre los 30 y 35 años.
Los funcionarios del Instituto de Medicina Legal prefirieron no comentar nada y pidieron esperar los resultados de la autopsia que le practicarían al cadáver.
¿EJECUTADO?
El comisionado Jamil Gutiérrez, quien ayer estaba de superior en Managua, no quiso comentar si se trataba de una ejecución. “No sabemos nada, es mejor esperar”, expresó. Se cree que el cadáver podría tener unas 72 horas de estar en el lugar.
“Por la forma del cuerpo, amordazado se trata sin duda de un asesinato”, afirmó el jefe policial, quien antes de dar más detalles prefirió esperar las investigaciones para poder determinar qué ocurrió.
OTRA VERSIÓN
Ana Virginia Romero Morales, habitante del asentamiento El Pinolero, distante a unos 200 metros del lugar del hallazgo, afirmó conocer al occiso, pero no pudo revelar el nombre.
“Sí, es él, yo lo conocía”, repitió ante los investigadores. Aseguró que la última vez que lo vio con vida fue la mañana del pasado miércoles, cuando pasó por su casa ubicada de la terminal de la ruta 123, una cuadra hacia el lago y tres cuadras abajo, en San Judas.
“Todos los días pasaba por aquí como a las 9:00 a.m. El miércoles pasó por la mañana, pero ya no lo vi regresar tal y como lo hacía siempre”, afirmó. La señora Romero Morales describió al desconocido como un hombre alto, blanco, panzoncito, pelo crespo peinado hacia atrás y la frente un poco pelona.
SIN EVIDENCIAS
En el lugar no habían muchas evidencias sobre el crimen, más que los desperdicios de concreto con un peso de aproximadamente cinco libras cada uno, colocados sobre la cabeza del occiso, sangre alrededor de la cabeza y una camiseta blanca con manchas que podrían tratarse de sangre. La prenda de vestir fue descubierta a la orilla del cauce.