THE NEW YORK TIMES
NACIONES UNIDAS.- Finalmente, después de meses de discutir sobre su servicio en la era de Vietnam y sobre sus planes fiscales y de la reforma del sistema de salud, el Presidente George W. Bush y el Senador John Kerry discuten sobre una guerra que ha cobrado más de mil vidas estadounidenses.
El Presidente Bush y sus asistentes están resueltos a concentrar el debate de la campaña en la decisión de liberar a Irak del brutal gobierno de Saddam Hussein y en presentar el argumento de que si Kerry hubiera ocupado la Presidencia los últimos cuatro años, el dictador aún estaría en su palacio.
El 21 de septiembre en las Naciones Unidas, donde las heridas de su decisión de ir a la guerra sin la aprobación explícita del Consejo de Seguridad siguen abiertas, Bush describió un Irak que “ha vuelto a unirse a la comunidad de naciones” y que va en camino a ser “seguro, democrático, federal y libre” si el mundo, y los aliados estadounidenses, no se amedrentan.
Kerry está igualmente resuelto a llevar el debate de Irak en una dirección diferente —una que se concentra en el aquí y ahora, el “arrogante e incompetente” manejo de la guerra desde que Hussein fue destituido.
La campaña de Kerry ha decidido que su última esperanza para dañar la imagen de Bush como líder de guerra competente es regresar implacablemente a las preguntas, como dice Kerry, de por qué “los terroristas cruzan a montones la frontera” hacia Irak, por qué tan pocos de los aliados estadounidenses se han unido al esfuerzo y por qué Irán y Corea del Norte han avanzado en sus programas nucleares mientras la Administración ha estado ocupada con Irak.
“El presidente quiere cambiar el tema y yo no le voy a permitir cambiar el tema”, dijo Kerry esta semana.
“El presidente necesita entrar al mundo de la realidad”, concluyó Kerry.
Con el primer debate, dedicado a la política exterior, cada vez más cerca, el 30 de septiembre, los candidatos abordan ahora la pregunta de quién tiene un mejor plan para hacer a Irak lo suficientemente estable y democrático para allanar el camino para una salida estadounidense.
Para ambos hombres es una estrategia llena de riesgos.
El equipo de Bush ha insistido en que cualquier día dedicado a debatir sobre Irak era un buen día para el presidente, porque incluso dando malas noticias, los estadounidenses recibirían el mensaje de que éste no era momento para apostarle a un comandante en jefe no probado.
Pero el liderazgo de la campaña del presidente fue sacudido por las recientes afirmaciones de tres importantes senadores republicanos —Chuck Hagel de Nebraska, Richard G. Lugar, de Indiana y John McCain de Arizona- que sugieren que EE.UU. enfrenta graves problemas en Irak y que la Casa Blanca podría estarse engañando en cuanto a la necesidad de un nuevo enfoque.
Pero está lejos de ser claro que Kerry vaya a tener éxito en cambiar los términos del debate, o de que aunque lo haga, vaya a salir avante de la acusación de Bush de que ha cambiado su opinión sobre la conveniencia de la invasión.
Después de todo, fue Kerry, el mes pasado al borde del Gran Cañón del Colorado, quien declaró que aunque hubiera sabido lo que el mundo sabe ahora sobre la ausencia de armas ilícitas, él habría votado para autorizar al Presidente a ir a la guerra. Para Kerry la palabra clave es “autorizar” —insiste en que en realidad nunca habría jalado el gatillo con tan escasa inteligencia y ausencia de apoyo internacional.
Pero Bush se ha anotado puntos al repetir que su oponente es un laberinto de “nuevas contradicciones sobre viejas posturas sobre Irak”.
La administración Bush pregonó que los iraquíes recibirían como libertadores a sus tropas, pero cada día crece la insatisfacción con la presencia norteamericana a un año y medio de la invasión en el país árabe.