Un dragón insaciable devorador de mujeres

Alberto L. Alemán Aguirre Roman, Times, serif»>Golpes en la mesa Un dragón insaciable devorador de mujeres Alberto L. Alemán Aguirre Entre el miércoles y el jueves, cinco mujeres más fueron asesinadas en Guatemala, con lo cual la cifra total de asesinatos de mujeres llegó a 365 en lo que va del año, un aspecto más […]

Alberto L. Alemán Aguirre

Roman, Times, serif»>Golpes en la mesa

Un dragón insaciable devorador de mujeres


Alberto L. Alemán Aguirre




Entre el miércoles y el jueves, cinco mujeres más fueron asesinadas en Guatemala, con lo cual la cifra total de asesinatos de mujeres llegó a 365 en lo que va del año, un aspecto más de la ola de violencia indetenible en ese país. Hasta junio pasado, mil 559 habían sido violadas.

¿Hasta dónde llegará esa bestia voraz que devora y ciega vidas de guatemaltecas?

Esta salvaje violencia de género, como ha sido llamada por los organismos humanitarios, es una manifestación más de un fenómeno muy complejo y profundo: el deterioro social, económico y moral en nuestra región.

Desde 2001, las muertes violentas de guatemaltecas suman mil 188. Y unidos al horror mismo de estos asesinatos, están dos hechos tristes: la impunidad de sus autores y la violencia intrafamiliar.

Así lo afirmó la relatora especial para las mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA), la peruana Susana Villarán, la semana pasada durante una visita a Guatemala.

Hasta el 10 de agosto pasado, cuando se contaban 309 asesinatos de mujeres, la Policía Nacional Civil (PNC) había detenido solamente a sospechosos en … ¡seis casos!

La gran mayoría de las víctimas: jóvenes de entre 13 y 25 años de edad, habitantes de los barrios marginales de la capital, según la PNC.

El ritmo supera por mucho el de los crímenes de Ciudad Juárez, en México, donde en el curso de una década más de 320 niñas y mujeres fueron asesinadas.

Los criminólogos especulan que tantas como 90 de ellas fueron víctimas de uno o más asesinos en serie. Dichas víctimas tenían características similares. Eran jóvenes, delgadas, de piel morena y cabello largo. Todas pertenecían a familias humildes .

Como en la ciudad mexicana, la mayoría de las guatemaltecas asesinadas eran pobres y las muertes siguen ciertos patrones, entre ellos, la saña y la desfiguración.

“Hay informes consistentes sobre asesinatos ejemplificadores, en los cuales los abusos reflejados en la condición del cuerpo de la víctima y el lugar en que fueron dejados los cadáveres, persiguen el objetivo de enviar un mensaje de terror e intimidación”, manifestó Villarán.

En el país centroamericano, los más de estos casos no pasan de la fase indagatoria. Las autoridades —señaló la relatora— no poseen equipos ni recursos adecuados; hay deficiencias en la recolección de pruebas científicas y las investigaciones se sustentan en gran parte sólo en testimonios.

La legislación es también insuficiente. La funcionaria destacó que el crimen organizado es en parte responsable y que no se puede culpar únicamente a las “maras”.

El factor intrafamiliar es de tipo cultural, y bajo él subyace el menosprecio a la condición de mujer y la convicción de que el hombre, porque es hombre, puede hacerle a su pareja cualquier cosa.

Muestran los ejemplos de Guatemala, Honduras y El Salvador que las soluciones represivas han sido preferidas. Pero se hace evidente que el uso exclusivo de la fuerza no ha parado el crimen.

Las raíces, coinciden expertos en seguridad, están en un sistema económico y social que no ofrece oportunidades, acceso a salud, educación, y que, además, presenta un alto nivel de corrupción.

Es hora de reflexionar en serio sobre el camino de desarrollo que llevamos. Antes de que el crimen nos desborde; antes que la paz que tanto costó y el futuro mismo, se pierdan quizás de manera definitiva.

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