- El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos sufrió el mayor atentado perpetradoen su historia. Dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas deNueva York y otro avión golpeó al Pentágono. Tres años después de aquelfatídico día, los recuerdos todavía estremecen al mundo
Teresa Sánchez VicenteEFE-REPORTAJES
PRIMERA DE TRES ENTREGAS
En Nueva York ya están preparados para celebrar el tercer aniversario de una fatídica mañana que nunca podrán olvidar. Ahora hace tres años, Estados Unidos sufrió el primer gran ataque terrorista en su territorio. Un grupo de fanáticos atentaron contra el corazón financiero del país, el World Trade Center y contra la gran casa de defensa: el Pentágono.
Este año se incorporará una novedad al homenaje: padres y abuelos de las víctimas tendrán mayor protagonismo y se encargarán de leer los nombres de los familiares que perdieron la vida en aquella tropelía. El emotivo acto se celebrará el 11 de septiembre en la “zona cero”.
Tras los atentados y el derrumbe de aquellas torres que representaban el corazón financiero de Estados Unidos, los neoyorquinos se propusieron volver a construir la “zona cero”. La idea consiste en la creación de un monumento que conmemore a las víctimas de la masacre: dos grandes estanques ocuparán el espacio dejado por las Torres Gemelas. Estos estanques quedarán hundidos nueve metros para crear así un vacío que evoque la pérdida sufrida por toda la sociedad.
Los artífices del proyecto, denominado Reflejando la Ausencia, son el arquitecto Michael Arad y el paisajista Peter Walter. Al decir de estos artistas, “será un espacio que resonará con los sentimientos de pérdida y ausencia generados por la muerte y la destrucción”.
EL AVIÓN QUE CAYÓ EN PENNSYLVANIA
Sobre el 9/11 aún planean incógnitas, como la referente a un cuarto avión que se estrelló en Pennsylvania. Una de las teorías apuntaba a que los pasajeros lograron reducir a los secuestradores pero perdieron el control del avión; ahora se sabe qué pasó exactamente en el interior del avión.
El piloto, Jason Dahl, recibió una alerta de la compañía aérea: “Cuidado con cualquier intrusión en la cabina, hay dos aviones estrellados contra las Torres Gemelas”. Los secuestradores irrumpieron en la cabina y el avión descendió bruscamente tras una pelea entre el piloto y los terroristas.
Más tarde, los pasajeros se rebelaron y al menos diez de ellos y dos asistentes de vuelo se pusieron en contacto con el exterior. Según las grabaciones recuperadas de la caja negra, se oyó entonces la voz de un pasajero que dice: “A la cabina. Si no vamos morimos”.
Dieciséis segundos más tarde, otro pasajero grita: “¡Vamos!”. El secuestrador, reconocido como Ziad Jarrah gritó: “¡Alá es el más grande!”. Entonces pregunta a otro terrorista: “¿Ya está? Quiero decir, ¿lo tiramos?” La respuesta fue: “Sí, ponlo en eso y tíralo para abajo”. Tras el impacto, el avión se incendió y no hubo supervivientes.
LA COMISIÓN INVESTIGADORA
La comisión que se creó tras los atentados del 9/11 ha aportado nuevos datos sobre qué sucedió, quién estaba detrás de los atentados y cómo actuaron los responsables del Gobierno. Se trata de una comisión bipartidista de 10 miembros —cinco demócratas e igual número de republicanos— encargada de aclarar el caso.
El informe de esta comisión se incluye en un libro que contiene los resultados de la investigación. Cuenta con 567 páginas. Entre las conclusiones destaca la que dice que los terroristas suicidas aprovecharon “profundos fallos institucionales” para lograr sus objetivos. También se libera de responsabilidad al presidente George W. Bush y a su predecesor, Bill Clinton, llegando a la conclusión de que Bush y Clinton tomaron con seriedad la amenaza que representaba la red terrorista Al Qaeda.
Sin embargo, el diario The Washington Post reveló que el Gobierno de Clinton perdió cuatro oportunidades de descubrir los planes criminales y que el de Bush dejó pasar seis ocasiones, por una variedad de circunstancias.
Las más duras acusaciones las recibió la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el FBI por sus deficiencias a la hora de compartir la información y datos secretos, lo que se considera como un fallo clave.
Por su parte, los terroristas exploraron las debilidades en las aerolíneas, entre ellas los procedimientos de abordaje, e hicieron pruebas en vuelos anteriores para observar cuándo las puertas de las cabinas de los pilotos quedaban abiertas. De hecho existe un vídeo en el que se observa a los secuestradores del vuelo 77 de American Airlines, pasando sin problemas los controles de seguridad aeroportuaria, antes de subir al avión que acabarían estrellando contra el Pentágono.
El informe revela que en el mes de agosto de 2001, muchos funcionarios ya temían “algo terrible” por parte de Al Qaeda. El presidente de la comisión, el republicano Thomas Kean, denunció que los atentados se debieron, “sobre todo, a una falta de imaginación de las autoridades y a profundos fallos institucionales”.
COMO EN UNA PELÍCULA DE CATÁSTROFES
“¡Dios mío! Vi gente lanzándose por las ventanas. Imagino que trataban de salvarse”, dijo una mujer entre sollozos y con voz temblorosa en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
Ése fue un día fatídico para la sociedad norteamericana y pocos podían imaginar lo que iba a ocurrir. Se trataba de la primera vez que se atacaba a Estados Unidos en su propio territorio, excepción hecha del ataque de Pearl Harbor que dio lugar a la entrada norteamericana en la Segunda Guerra Mundial.
El país, convertido en la primera potencia mundial, vivió en sus propias carnes lo que aparentaba ser más una secuencia de una de las películas de catástrofes, en la que unos aviones destruían dos rascacielos y las llamas de fuego casi alcanzaban el cielo. Pero en esta ocasión la realidad superó ampliamente a la ficción… y además viéndolo en directo todo el mundo.
Algunos de los que trabajaban en las oficinas de las Twin Towers bajaban apresurados las escaleras para intentar salvarse, otros, como reflejaron algunos escalofriantes documentos televisivos, optaron por lanzarse al vacío para evitar morir entre las llamas. Finalmente se desplomaron las torres, también con media hora de diferencia.
La cifra oficial de muertos en el World Trade Center fue de 2,752. Si se suman los 189 fallecidos en el Pentágono, y los 40 del cuarto avión, la cifra final de muertos es de 2,981.
El Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tardó en aparecer para pedir la calma. Algunos lo tildaron de cobarde por abandonar el país que dirigía en momentos tan angustiosos: Bush hijo se encontraba en el avión presidencial, el Air Force One, con el que viajó por el país durante 12 horas. Cuando habló dijo que los culpables lo pagarían: “La libertad ha sido atacada por un cobarde sin cara” y prometía “buscaré, encontraré y castigaré a los culpables”.
Aún quedan muchas preguntas sin respuestas. El máximo responsable de los atentados más sangrientos de la historia, Osama Bin Laden, sigue en paradero desconocido. No se sabe si murió en un bombardeo en las montañas de Afganistán, meses después. Pero según la cadena qatarí “Al Yazira” sigue vivo y varios vídeos son atribuidos a él.
La confusión ha llevado a que nazcan opiniones dispares y diferentes a las versiones oficiales. Algunas dicen que el 11-S fue una conspiración desde el interior de Estados Unidos, una especie de golpe de Estado y que en realidad Bin Laden no existe. Otras, más exóticas, indican que estos atentados ya estaban anunciados en las famosas profecías apocalípticas del mago Nostradamus.
Existe una sensación generalizada de que hay muchas cosas sin sentido y muchas respuestas sin darse.
Según el vicepresidente de la Comisión de Investigación, el demócrata Lee Hamilton, a lo largo de los veinte meses de investigación, “a menudo la pregunta más difícil de responder ha sido ¿quién está al mando? ¿a quién se puede responsabilizar si algo va mal? Con demasiada frecuencia, la respuesta es ‘nadie’”.