Cultura

Jorge Luis Hernández B. Nicaragua posee diversidad étnica y cultural que enriquece y por la cual debemos estar orgullosos. Por eso encuentro penoso que los mismos nicaragüenses nos detractemos, cuando otros, ajenos, reconocen el valor que tienen sus creaciones artísticas. Digo esto por un artículo en el que se menosprecia a La Nueva Compañía, que […]

Jorge Luis Hernández B.

Nicaragua posee diversidad étnica y cultural que enriquece y por la cual debemos estar orgullosos. Por eso encuentro penoso que los mismos nicaragüenses nos detractemos, cuando otros, ajenos, reconocen el valor que tienen sus creaciones artísticas.

Digo esto por un artículo en el que se menosprecia a La Nueva Compañía, que es un grupo musical de jóvenes que han sabido conjugar sus capacidades artísticas con su sentimiento patrio para darnos a todos los nicaragüenses una perspectiva renovada de nuestra identidad nacional, particularmente en cuanto a música se refiere. Al margen de las críticas negativas que se han generado a partir de la incursión de La Nueva Compañía en el ámbito de la música folclórica, este grupo “orgullosamente nicaragüense” ha puesto la música folclórica en un plano que la hace accesible a todos. Es admirable escuchar a la niñez y la juventud de forma masiva cantar El zopilote o María de los guardias con tanto entusiasmo, algo que no se había conseguido antes en nuestra historia cultural.

El artículo al cual me refiero también hace una embestida a las “mujeres gordas muy mal vestidas” y a los muchachos con apariencia de “vagos y pandilleros”. Me pregunto si este crítico de arte podría encarar a Fernando Botero y sus gordas en sus famosas pinturas, o a Pablo Picasso en sus indescifrables trabajos, y qué tal a Luis Enrique Mejía Godoy con su Pobre la María, en la que de manera muy artística cuenta la triste realidad de muchas mujeres de nuestro pueblo.

Esas mujeres gordas y mal vestidas al cual ese señor hace referencia, son mujeres de pueblo, que viven, que sienten, que sueñan, que aman y que vibran al son de La Nueva Compañía. Esos vagos y pandilleros son jóvenes que como tal están en búsqueda de su propia identidad y que lo peor que podemos hacer como adultos responsables es discriminarlos por su apariencia.

Ecólogo y maestro.

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