Educación

Socorro Briceño Alemán En una ocasión escuché que el hijo de un magistrado gritaba: “Somos gente importante. Un policía, ¿qué?” Entonces me vino a la mente la hermosa idea de que soy hija de un hombre importante, que no sabe leer ni escribir pero sí ha sabido cómo educar a sus hijos. Ese hombre me […]

Socorro Briceño Alemán

En una ocasión escuché que el hijo de un magistrado gritaba: “Somos gente importante. Un policía, ¿qué?” Entonces me vino a la mente la hermosa idea de que soy hija de un hombre importante, que no sabe leer ni escribir pero sí ha sabido cómo educar a sus hijos. Ese hombre me enseñó a respetar a mis semejantes, a las autoridades y a guardar la compostura en la calle.

Mi padre sí es un hombre importante. Me enseñó a trabajar, a ser honrada, a ser agradecida con quien me tiende una mano. Lo recuerdo recorriendo en las madrugadas las calles de mi querida Matagalpa vendiendo pan de casa en casa, y yo acompañándolo. Cuando tenía muchos encargos y no alcanzaban en su enorme canasto, me colocaba en la cabeza una caja de cartón repleta de pan de molde, y con él, con su cabeza gacha por la incomodidad que le producía aquel enorme canasto en su hombro, recorríamos la ciudad.

Le digo al joven malcriado que me motivó a escribir estas líneas, que el trabajo que hace la Policía es importante y que los policías como personas son importantes. Lamento lo sucedido por el papá magistrado, que es el más afectado.

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