Mina Nelson
¿Cómo pueden los nicaragüenses permanecer indiferentes frente a la actitud bochornosa de quienes se atribuyen la representación popular, sin más respaldo que el dedo de Daniel o de Arnoldo que los mantiene unidos en una fraternidad nefasta para los intereses nacionales?
Destaca entre estos el jefe de la bancada liberal en la Asamblea Nacional, cuya agresividad lo descalifica como líder político y lo señala como factor peligroso para la paz y la democracia. Quien no respeta la dignidad del Presidente de la República siendo miembro de otro poder del Estado, merece la sanción ciudadana. Los epítetos de Enrique Quiñónez contra el presidente Enrique Bolaños no forman parte del lenguaje decente que debe de imperar en la política de la democracia. Libertad no significa libertinaje, y tolerar los atropellos verbales contra un gobernante equivale a ceder el terreno para que se desborden las pasiones y se empuje a la transgresión de las leyes que sustentan el orden y la estabilidad del país.
Quiñónez amenaza con aliarse a los sandinistas y echar milicias armadas a la calle, en caso de que el presidente Bolaños utilizara sus facultades como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas para hacer respetar las leyes, si se pretendiera atentar contra la democracia y la gobernabilidad del país. Y agrega el dirigente arnoldista que “si al Presidente se le ocurriera tomar esa decisión descabellada, en pocos minutos estarían en el exilio o en la cárcel”.
Con la intransigencia de Quiñónez y de la dirigencia arnoldista, ellos se quitan definitivamente la máscara y declaran que el PLC y el sandinismo son lo mismo. El Presidente no debe caer en la trampa respondiendo a las ofensas de Quiñónez. Lo que debe hacer es echar mano de todos los instrumentos que le otorgan la Constitución y las leyes, para poner a buen recaudo a los que conspiran contra el presente y el futuro de los nicaragüenses.
Cónsul honoraria de Nicaragua en Los Ángeles