Guerras

José Adán Rodríguez Castillo En nuestra martirizada Nicaragua observamos el cambio de estrategia para continuar la guerra, que muchos ingenuamente habíamos considerado concluida. Ahora no es en los hospitales de campaña donde la guerra hace sus más grandes bajas en la población, sino en las emigraciones, sin hablar de los bloqueos, de las interdicciones, de […]

José Adán Rodríguez Castillo

En nuestra martirizada Nicaragua observamos el cambio de estrategia para continuar la guerra, que muchos ingenuamente habíamos considerado concluida. Ahora no es en los hospitales de campaña donde la guerra hace sus más grandes bajas en la población, sino en las emigraciones, sin hablar de los bloqueos, de las interdicciones, de la guerra de propaganda, de denigración y de injuria sufrida por algunos medios escritos y de palabra, dentro y fuera del país. Hoy sufrimos la guerra del espionaje y delación, de intriga e inquisición secreta, de persecución sorda y subterránea.

Sufrimos la guerra de maquinación, de soborno, de zapa y mina, de conspiración sorda, infidencia, sustracción de documentos que se utilizan como medio de presión a la hora indicada, en que los millones de pesos constituyen la munición de guerra. Hay, además, la guerra de desmoralización, de disolución, de desmembración, de descomposición social del país, que pudre las generaciones que quedan vivas, y cuya corrupción deja rara vez de alcanzar al corruptor mismo que emplea tales medios.

La guerra es una profesión que hace vivir a muchos, a los industriales que fabrican las armas, máquinas de guerra y sus derivados. Éstos consideran que la paz perpetua sería una plaga para todo el mundo y abolir la guerra es tocar el pan de los mismos.

Estelí

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