Johnny Cajina Guillén
“Coticé muchos años y recibo una pensión de miseria”, es la queja tajante, común y sin eco que desde muchos años hacen miles de jubilados. Los afectados se cuentan por miles, los privilegiados con mejores pensiones se cuentan por otros tantos.
Las cifras oficiales del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), registran un total de 40 mil 514 jubilados, de los cuales, cerca de 12 mil recibe pensiones que oscilan entre en los 900 y los 1,000 córdobas.
Otros cuatro mil pensionados que no cumplieron el requisito de las 750 semanas cotizadas, obtienen montos muy inferiores. La mayoría fue víctima de patronos abusadores que hicieron la deducción salarial pero jamás la reportaron al Seguro.
Los cheques por jubilación de otra cantidad no determinada de ancianos, rayan cifras un poco más altas y aún con todo, no alcanzan siquiera el valor oficial de la canasta básica de alimentos, que a la fecha sobrepasa los mil 400 córdobas.
Doña Adela Etienne Pastrán es un caso típico. Laboró en el Seguro desde 1958 y cotizó por 24 años hasta su jubilación en 1981. A sus 82 años, vive sola y se moviliza en una silla de ruedas desde que la vejez venció sus fuerzas para andar.
Se graduó como enfermera en Panamá en 1938. Laboró para el Minsa los siguientes 20 años y acumuló en su carrera una serie de postgrados en prestigiosas universidades de México, Costa Rica y Guatemala.
“En aquellos años todo era bonito en el INSS”, recuerda con extraordinaria lucidez. Su rostro sonriente y sutilmente maquillado se descompone al recordar su pensión 1,080 córdobas. “Yo ganaba muy bien y me iba de vacaciones a donde quisiera. Soy licenciada con muchos estudios en el extranjero y esperaba que mi país me diera más”, dice con resignación.
Etienne es parte de ese contingente de jubilados que enfrenta a como puede las enfermedades comunes de su edad y se debate entre la apatía, la decepción y el arrepentimiento de haber cotizado en una institución que no les entregó la tranquilidad prometida hace varias décadas.
PENSIONES “DE HAMBRE”
En concepto de jubilación, el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), entrega el 60 por ciento del promedio salarial de los últimos cinco años del trabajador, los que teóricamente deberían ser los mejor remunerados, sin embargo, no todos alcanzan la cúspide y a la fecha sólo una minoría privilegiada (465 de los 40,000 pensionados) goza de una buena pensión, cuyo techo máximo es de 1,500 dólares mensuales.
Según especialistas consultados por LA PRENSA, muchos son los factores que se confabulan e impactan negativamente en las actuales pensiones.
Para el economista Adolfo Acevedo, la clave del asunto está en las altas tasas de desempleo y subempleo, que sumados a los bajísimos salarios promedios que existen en Nicaragua, producen pobres cotizaciones individuales.
“Además, las reservas del INSS vieron seriamente reducido su valor real por la hiperinflación de los años ochenta, a lo cual habría que adicionar los manejos incorrectos de los fondos a lo largo de los años”, concluyó.
Otro aspecto a evaluar para entender mejor la situación de las pensiones tiene que ver con la devaluación histórica del dólar a nivel mundial.
Como ejemplo, el economista Róger Cerda afirma que de 1980 al 2002, la divisa estadounidense perdió el 50 por ciento de su valor y que un salario de 200 dólares de los años setenta, equivaldría a un mega salario de 5 mil dólares actuales. Quizá ello ilustre la situación de muchos jubilados, que gozaron de una vida cómoda, pero hoy apenas sobreviven con sus pensiones.