Johnny Cajina Guillén
El doctor en Derecho, Humberto Mendoza López, es por muchas razones un punto de referencia la seguridad social en Nicaragua, pues fue quizá el primer nicaragüense en efectuar estudios profundos en esa materia, aprovechando una beca otorgada por el gobierno español.
Su estadía de dos años en Madrid, le valió en 1955 importantes aportes en el estudio final de la primera Ley que reglamentaría al incipiente Sistema de seguridad social, siendo testigo directo de los primeros pasos dados por el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y tuvo el privilegio de laborar con todos los directores que desfilaron por la institución en sus primeras cuatro décadas de funcionamiento.
Mendoza se declara teórico de la vieja guardia del Seguro Social y pocas veces carece de argumentos para criticar el actual modelo de seguridad social, que según explica violenta los principios originales de la institución.
La universalidad, la internacionalidad, la integralidad y sobre todas las cosas la solidaridad son las normas fundamentales que no se cumplen desde hace muchos años.
“Al surgir la revolución la seguridad social estaba en su apogeo, pero las circunstancias y la falta de recursos acabaron con la digna obra”, dice Mendoza, quien recuerda aquella época como el génesis de la crisis del INSS.
RUINA DEL SEGURO
“Se inventaron ficciones jurídicas para dar pensiones vitalicias a mucha gente, se redujeron las cotizaciones y hubo un descalabro económico”, explica, tras aceptar que en medio de todo hubo situaciones positivas como la protección a los niños en situación de riesgo y a las víctimas de guerra, así como la inclusión de sectores desde siempre excluidos como los obreros del campo.
“Teóricamente fue extraordinario y se trató de una decisión con un profundo trasfondo humano, pero en la práctica arruinó al Seguro Social”, añade.
A su juicio, el tiro de gracia lo propinaron las políticas importadas de Simeón Rizo Castellón, quien asumió la institución en 1992, copió el modelo chileno de las empresas médicas previsionales y nunca se interesó por recuperar el antiguo patrimonio físico.
“El modelo actual está distanciado del principio original de la integralidad que garantizaba protección médica sin exclusiones ni condiciones de ninguna naturaleza”, agrega.
La internacionalidad, fundamento encaminado a garantizar las urgencias médicas de todos los asegurados que se encontraran en tránsito en cualquier lugar del mundo con sólo portar su credencial, también fue echado por la borda. “Suscribimos la convención de Quito, en virtud de la cual todos los asegurados iberoamericanos tienen derecho a esas condiciones, pero en Nicaragua las cosas han cambiado”, expone.
SOLIDARIDAD PERMANECE
No obstante, la solidaridad social, el más importante de todos los principios humanos aún se mantiene incólume.
“Todos contribuimos para otorgar salud y medios de subsistencia. Bajo el mismo sacrificio y con equidad. Independientemente de la diferencia pago o cotización todos tenemos el mismo derecho, con la misma calidad técnica de salud, es que lo mismo cuesta la apendicitis de un pobre que la de un rico”, concluye.