Un “Dream Team” para la paz

El verdadero “Dream Team” o Equipo de Ensueño del mundo no se encontraba en Grecia esta semana. De hecho, la selección nacional de Brasil, cinco veces campeona mundial, estaba en el lugar más imprevisto: Haití. El Presidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva, le pidió al equipo, incluidas las súper estrellas Ronaldo, Roberto Carlos y […]

El verdadero “Dream Team” o Equipo de Ensueño del mundo no se encontraba en Grecia esta semana. De hecho, la selección nacional de Brasil, cinco veces campeona mundial, estaba en el lugar más imprevisto: Haití.

El Presidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva, le pidió al equipo, incluidas las súper estrellas Ronaldo, Roberto Carlos y Ronaldihno, que jugara un partido amistoso con la selección haitiana. La idea es promover paz y reconciliación en el país más pobre del Hemisferio Occidental donde 1,200 soldados brasileños han liderado una fuerza de Naciones Unidas desde junio, cuando tomaron el mando de la operación de paz de los Estados Unidos.

Curiosamente, un alto funcionario de la administración Bush señaló esta semana a Haití y la fuerza de la ONU allí como el tipo de cooperación internacional que esperan ocurra alrededor del mundo una vez Estados Unidos reorganice sus fuerzas militares. El presidente Bush esbozó el lunes un plan para retirar a cerca de 70,000 soldados de Europa y Asia, lo que representa el cambio más grande en las fuerzas estadounidenses en el exterior desde el fin de la guerra en Corea.

Una retirada similar pero más pequeña ocurrió en las Américas como parte del cumplimiento del Tratado del Canal de Panamá. Hace cinco años, los Estados Unidos cerraron la base aérea Howard en Panamá poniendo así fin a su mayor presencia militar en el hemisferio. De ahí Washington pasó entonces a negociar el libre acceso a bases aéreas en Ecuador, El Salvador, Aruba y Curacao. Funcionarios de Bush esperan ahora negociar arreglos similares —forward operating locations— alrededor del mundo.

Uno podría arguüir, de hecho, que esa retirada de fuerzas estadounidenses ha funcionado bien en las Américas. En cierto sentido, ayudó a crear más oportunidades de cooperación bilateral y multilateral al reducir la percepción de que la presencia militar estadounidense estaba demasiado cerca como para estar tranquilos. Hoy, oficiales militares estadounidenses dicen que los actuales niveles de cooperación militar eran inimaginables en la región hace pocos años.

Haití es un hito indudable, al ser la primera misión de la ONU en el mundo con mayoría de fuerzas sudamericanas. También esta semana, siete países latinoamericanos y Estados Unidos llevaron a cabo un simulacro naval conjunto en el Canal de Panamá como parte de esfuerzos para proteger esa vía marítima de posible terrorismo. El año pasado, cuando se inauguró el simulacro, sólo fuerzas estadounidenses, panameñas y chilenas participaron.

La verdad es que la participación sudamericana en Haití se logró más por accidente que a propósito. Las fuerzas estadounidenses no daban abasto e intervenciones pasadas hacían que no fueran bien acogidas cuando Haití entró en crisis en febrero de este año. Una fuerza multilateral de la ONU se convirtió en la mejor solución a que podía aspirar la administración Bush.

Los preparativos de la guerra en Irak también generaron este tipo de cooperación norte-sur por casualidad o, mejor tal vez, por conveniencia. En su campaña para armar una coalición de voluntarios por fuera de las Naciones Unidas, Washington encontró aliados perfectos en El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, cuatro pequeñas naciones hambrientas por un Tratado de Libre Comercio.

Al final del día, multilateralismo accidental o por conveniencia es obviamente mejor que una acción militar unilateral, algo que Estados Unidos no ha hecho en las Américas desde la invasión a Panamá en 1989. Pero la falta de unilateralismo no significa multilateralismo necesariamente.

Sin un compromiso firme hacia el multilateralismo a alto nivel, la seguridad misma está en riesgo. Pensemos por ejemplo en el dilema que enfrentan presidentes como Lula en Brasil o Ricardo Lagos en Chile.

Ambos mandatarios están interesados en jugar un papel más prominente en cooperación internacional. En el caso de Lula, Brasil quiere un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y sólo puede aspirar a obtenerlo si demuestra liderazgo regional. Para Chile, cuya economía depende plenamente del libre comercio, ayudar a proteger vías marítimas tan cruciales como el Canal de Panamá requiere un mayor rol para su armada.

Pero ambos se encuentran restringidos por pueblos que preferiría oponerse a cualquier colaboración con Washington que apoyarlo a pesar de los mejores intereses de sus países. Mientras Washington sea percibido como un lobo unilateral que se disfraza de multilateral, Lula y Lagos y otros líderes latinoamericanos actuales o futuros se verán atrapados en el sentimiento popular anti estadounidense y la retórica anti Washington que tendrán que emplear para mantener su cargo. No es coincidencia que estos países hicieron lo que pudieron para expresar que su papel en Haití fue en respuesta a una solicitud de la ONU y no de Estados Unidos.

Tal vez la presencia del “Dream Team” de Brasil en Haití es el resultado de un modo diferente de pensar y una convicción sobre el multilateralismo. Al tomar en consideración las pasiones de la comunidad local —en este caso la obsesión de los haitianos con el futbol brasileño— Brasil creó un sentido de cooperación, o por lo menos de tolerancia temporal, cuando la presencia de una fuerza extranjera tiende a generar una respuesta mucho menos entusiasta.

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