Edgard Rodríguez C.
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!Qué pena!
Edgard Rodríguez C.
Hasta antes del 2000, Kontanstin Kenteris no era más que un griego común y corriente.
Su mayor éxito había sido establecer un récord nacional en los 400 metros. Y cuando tuvo la osadía de participar en una competencia internacional en 1999, fue eliminado durante el Mundial de Sevilla.
Se inscribió en los 200 metros, donde el amo era Maurice Green, y en los 400, en los cuales la tajona era Michael Johnson. Naturalmente quedó eliminado.
Sin embargo, todo cambió a partir del 2000, cuando cayó en manos del entrenador Chris Tzekos.
Su proyección fue meteórica. Ese año capturó el oro en las Olimpiadas de Sydney en los 200 metros ante el asombro de todos.
Un año después capturó la misma presea en el Mundial de atletismo en Edmonton y para el 2002 su llevó el título europeo en los mismos 200 metros, en un hecho sin precedentes.
Se volvió el ídolo de la juventud de su país y la publicidad lo volvió un semidiós. Pero a la vez, empezaron a hacerse públicas sus escapadas ante los controles antidoping. En una ocasión dijo que iba a entrenar a Qatar y apareció de paseo en Irak.
Su última huida ha sido justo ahora, cuando las Olimpiadas son en su país. Y al ser situado en la mira del escrutinio mundial, ha tenido que renunciar por ausentarse a un control sorpresivo, con lo que la opción más firme de medalla para su país se ha desvanecido.
Ha quedado como un ídolo con pies de barro. Es una pena.