Pedro Rafael Gutiérrez Doña
La actitud del presidente costarricense Abel Pacheco ante la inminente contaminación de los afluentes del Río San Juan por una compañía minera, refleja el carácter laxo de su administración en este tema.
Pacheco, psiquiatra de profesión, vendedor de pantalones y comentarista de artículos en la televisión hace algún tiempo, declaró que los fundamentos legales concedidos a la empresa exploradora habían sido dados por el Gobierno anterior, como cortina de humo para evadir la seriedad del problema.
Producto de esta tibieza, los ríos josefinos El Virilla, Río Tárcoles y Río María Aguilar están totalmente contaminados, arrastrando hacia la costa pacífica del país toda la porquería de la capital, recibiendo a cambio, el cierre de muchas playas por la suciedad.
En el pasado, un organismo regional le otorgó a Costa Rica el premio “El Diablo Ecológico” por la paradójica actitud de matar la gallina de los huevos de oro —en este caso el turismo— actividad que genera ingresos millonarios al Estado.
No puede el gobierno nicaragüense quedarse de brazos cruzados esperando que el río San Juan sea contaminado con cianuro, materia prima mortal usada para la extracción del oro, la misma que servirá para contaminar los ríos que nacen en Costa Rica y desembocan en el San Juan.
Cuando esto ocurra espero no oír al presidente Bolaños responder al mejor estilo del Güegüense: —Señor Presidente:— ¿Y la contaminación del San Juan? —¿Cuál prisión de Alemán? Y aquí señores, no ha pasado nada.