Ronald Ortiz Rivera
El niño, el joven o el adulto que practica ballet sabe perfectamente que dominar el arte de la danza clásica no es sencillo. Es necesario caer muchas veces para lograr éxito, obtener el ritmo, la coordinación, la rapidez y destreza en el movimiento de los pies es fundamental, cuando se falla en giros o se enredan los pies, el bailarín cae.
La práctica, la tenacidad y la paciencia, permiten al final una excelente combinación físico-mental para lograr la perfección en el estilo.
¿En qué se parece la vida al ballet? La vida es un baile de ballet. Hay que tropezar muchas veces para lograr las metas que nos proponemos. Hay movimientos más difíciles y complicados que otros en la danza; de manera similar no hay quien no pase por duros momentos en la vida.
La desesperación hace perder la concentración y los giros en el baile y perdemos de vista la manera correcta de hacer las cosas. En la vida, la desesperación por la falta de empleo, por ejemplo, impide ver que tenemos muchas amistades que nos pueden ayudar, amigos actuales y amigos antiguos.
San Francisco de Asís decía: “Empieza por hacer lo que es necesario, luego lo que es posible, y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible”. A no ser que uno pertenezca al club de aquéllos a los cuales se refería Víctor Hugo cuando dijo: “El trabajo endulza la vida; pero no a todos les gustan los dulces”.
Economista