E. Arturo Castro FrenzelBerlín, Alemania
La noticia “Proinsa lanza ventanas modernas”, del 31 de julio de este año, en la sección de Economía, me hizo recordar los tiempos de los años sesenta cuando introdujeron a Nicaragua las novedosas camisas de nylon. Todo el mundo sabe que no tuvieron auge por el antihigiénico comportamiento de esa fibra sintética. Ahora nos quieren dar el ventanazo con “modernas” ventanas de PVC.
No es cierto que esas ventanas sean durables, pues el PVC se tuesta con el inclemente sol de Nicaragua. El PVC al quemarse produce gases altamente venenosos. Y, ¿quién está exento de incendios en Nicaragua? Tampoco es cierto el argumento que el PVC no coge moho. Lo que pasa es que no se ve, pero el hongo allí está. La madera, por el contrario, respira y permite la salida del agua.
Por otro lado, es una vergüenza que un país maderero como es Nicaragua tenga que importar productos derivados del petróleo, cuando la mano de obra nacional, barata y buena, puede producir ventanas de alta calidad. Si en vez de dejar la madera en manos de los depredadores extranjeros se construyeran las tradicionales ventanas de Nicaragua, nos ahorraríamos muchas divisas y muchos carpinteros tendrían más trabajo. ¡Por favor! no sigan mintiendo y dándonos espejitos a cambio de lingotes de oro.