- Una vez más Santo Domingo recorrió 8.2 kilómetros para reunirse con sus devotos en la capital
- Miles de promesantes acompañaron a la imagen hasta la Iglesia en el barrio 19 de Julio
Hilda Rosa Maradiaga C.
Muy emotiva fue la salida de la imagen de Santo Domingo de la Iglesia de Las Sierritas hacia Managua. El fervor religioso y el amor que los feligreses le profesan al santo patrono se hizo sentir en la Iglesia cuando la imagen, ataviada de flores rojas, rosadas, amarillas y blancas, fue sacada al son de chicheros y entre vivas.
Durante más de media hora el Santo bailó fuera de la Iglesia para luego arrancar en su recorrido hacia la capital, en hombros de los cargadores tradicionales, rodeado de mujeres vestidas con atuendos folclóricos y centenares de promesantes que bailan sin descanso.
En diferentes puntos del camino saludó a sus promesantes bailando por espacio de minutos, durante los cuales el entusiasmo crecía entre los feligreses. A lo largo del recorrido los managuas se apostaban a la orilla de la carretera para ver al Santo a su paso, otros se dedicaron a repartir jugos y agua para calmar la sed de los promesantes.
MANAGUA RECIBE AL SANTO
Una gran cantidad de capitalinos esperaron el paso de la imagen de Santo Domingo en el lugar conocido como “La Cruz” y lo recibieron con mucha algarabía, aplausos, entusiasmo, pólvora y fervor religioso. El comité de Las Sierritas hizo entrega del Santo al comité capitalino y durante 40 minutos, la imagen fue zangoloteada al son de chicheros y aplausos.
Es en este punto donde el recorrido se vuelve más tenso para cargadores, el cordón de fuerzas especiales y promesantes en general. La multitud crece, el camino en partes se vuelve más angosto, las fuerzas especiales deben abrir paso entre centenares de feligreses apostados en la carretera y el paso se vuelve más difícil, sin embargo, no hay nada que detenga a los promesantes, quienes tratan de ir lo más cerca del Santo.
Otro punto emotivo durante el recorrido de la imagen fue la salida a la carretera Jean Paul Genie, donde lo esperaban tarimas a ambos lados de la entrada a La Morita. Miembros del cuerpo diplomático, el cardenal Miguel Obando; el mayordomo de las fiestas, José Rizo; personalidades, artistas nacionales como Carlos Mejía Godoy y una tarima llena de muchachas vestidas con trajes folclóricos, saludaron al Santo desde las plataformas.
MAYORDOMO CARGA AL SANTO
Éste fue uno de los puntos donde José Rizo se unió a los cargadores tradicionales. Aunque para el mayordomo fue difícil mantenerse por mucho tiempo en el zangoloteo que los cargadores realizan al Santo, en varios lugares se les unió. “He estado bailando. En cada punto vengo bailando y cargando al Santo”, dijo.
Agregó estar encantado de participar de la celebración y contento del excelente trabajo de la Policía y todos los comités organizadores.
El paso de La Morita se torna difícil para todos los que acompañan a la imagen de Santo Domingo en su recorrido, debido a lo angosto del camino de tierra que a su orilla tiene un cauce. Pero ese ajetreo no impidió la tradicional algarabía en la llegada a la Carretera a Masaya, donde todos bailan con mucho entusiasmo, el que se repite en la rotonda Santo Domingo, donde el Santo es esperado por centenares de feligreses con mucha pólvora.
Tal parece que entre más difícil se torna el recorrido, más se entusiasman los promesantes al llegar a los puntos que se tornan emotivos y eufóricos, como es la llegada a la Iglesia de Managua, donde los promesantes bailan sin descanso, tal como si no han hecho el recorrido entero.
CARGADORAS Y PROMESANTES
Desde la salida de Santo Domingo, en Las Sierritas, hasta llegar a Managua, la señora Sara Arancibia, vestida con un traje folclórico y preparada con sus zapatos tenis, bailó sin descanso y con mucho entusiasmo alrededor de la imagen. Recién nacida sufrió sarampión y su madre prometió al Santo que la niña bailaría toda su vida. Así lo ha hecho durante 43 años.
Igual que ella, decenas de señoras y jovencitas con trajes folclóricos bailan al son de chicheros. Cada una tiene su propia historia, su propio milagro del cual dar testimonio.
De sus 20 años, Anielka Vanesa Blass lleva seis cargando al Santo durante todo su recorrido desde Las Sierritas hasta la entrega al comité de Managua. Esta muchacha tuvo un accidente en un molino de carne y asegura que por milagro de Santo Domingo no le amputaron su brazo y sólo perdió un dedo. Considera que cargar y mantener el zangoloteo de la imagen es una tarea dura, pero “con la fortaleza que me da el Santo tengo que salir adelante”, dijo.
Otra mujer cargadora es Rosa Esther Baca Rivera, quien lleva cinco años haciéndolo. Ella está pagando una promesa que hizo su madre cuando una enfermedad amenazaba la vida de Rosa Esther. Considera que la devoción con que carga al Santo le da fortalezas para hacerlo.